Análisis de la decisión del Emisor de subir las tasas.
El mismo día en que el DANE reveló una tasa de desempleo de 13,5% para enero, el Banco de la República subió la tasa de interés. La contradicción es un rezago de la controvertida ley de Say, que proclama que el mercado monetario está en equilibrio y refleja el sistema económico. De acuerdo con esta visión, que se materializa en el método de inflación objetivo, el índice de precios es un indicador del estado de oferta y demanda.
Cuando la economía está cerca de la producción máxima la inflación sube y cuando está por debajo, ésta baja. En el primer caso busca reducir la inflación y en el segundo, estimular producción y empleo.
La falla está en la costumbre de los bancos centrales de manejar la política monetaria con modas y dogmas mecánicos. Hoy la inflación no refleja el verdadero estado de la economía, sino las tendencias de aumento de los precios internacionales de los alimentos y materias primas.
El déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos asciende a 5% del PIB, y supera ampliamente el crédito privado y el déficit fiscal financiado con emisión; la demanda efectiva resulta deficiente. Tan cierto es que la tasa de interés de largo plazo de los TES asciende a 8,5%. Lo que se plantea entonces es la adquisición de los títulos de tesorería por parte del Banco para bajar la tasa de interés y detener la entrada de capitales y la revaluación.
El problema de la economía no es la inflación y la solución no es subir la tasa de interés. El problema es la inflación objetivo. El método sólo ha traído pobreza. En 1999 su aplicación condujo a una tasa de interés de 70%, que ocasionó la peor recesión del siglo. Y en 2008 la elevación de las tasas reventó la burbuja y precipitó la entrada en recesión.
La explicación es sencilla. A diferencia del postulado de la ley de Say, el mercado monetario opera en desequilibrio. En condiciones de desempleo y déficit en cuenta corriente, la economía requiere más dinero que el demandado por los agentes. El aumento del dinero requerido para cerrar los desajustes del sistema es mayor que las tendencias históricas.
La lección la aprendieron las autoridades de EE.UU. Luego de la recesión de 2008 se apartaron de los preceptos monetaristas. El paradigma de la Universidad de Chicago, de que el dinero debe crecer a tasas ligeramente superiores al crecimiento del PIB, se desacreditó. En los últimos dos años los medios de pago crecieron cinco veces más que el producto nacional.
La mayor discrecionalidad sobre la inflación se encuentra en los precios administrados —combustibles, transporte y matriculas escolares—, que se han ajustado muy encima de las metas. La rectificación de estas decisiones contribuiría más que el alza de la tasa de interés a evitar la transmisión de la inflación externa.