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A raíz del cambio del ministro de Hacienda, escribí un artículo titulado “Cambio de ministro o de modelo”. Allí sugiero un manejo totalmente distinto de la crisis. En el fondo, sostengo que las soluciones están en el modelo de desequilibrio de mercado que baje la tasa de interés y devalúe la moneda en forma drástica. El panorama económico cambiaría drásticamente. La tasa de ahorro aumentaría y, en consecuencia, la economía entraría en un estado de reducción de la inflación, ampliación de la producción, elevación del salario y reducción del déficit en cuenta corriente.
La resistencia a adoptar el cambio descrito ha llevado a un estado de deterioro de la economía. No ha logrado salir de la recesión de 2020, cuando la caída del producto provocó una reducción de la tasa de ahorro a la mitad de la tendencia histórica, configurando el ciclo recesivo más largo del último siglo. La economía cayó 7,5 en 2020, rebotó en el 2021 y volvió a caer en 2022 y 2023. La información más reciente del DANE muestra que en el primer trimestre de 2023 cayeron la inversión 10,3 % y las importaciones 7,5 %, y la industria creció solamente 0,7 %. En síntesis, la caída del ahorro se llevó por delante la inversión y la industria, que son los principales motores de crecimiento, empleo y equidad de la economía colombiana.
Durante dos años clamé que se bajara la tasa de interés y se interviniera el mercado cambiario para devaluar la moneda en forma directa. Mientras recomendaba el ajuste, la economía se vio abocada a una fuerte contracción del ahorro que se llevó consigo la inversión y la balanza de pagos.
La economía está en un estado crítico y no se hace nada para remediarlo. Frente al panorama descrito, el Gobierno no tiene más opción que reconocer los desaciertos y proceder de inmediato a bajar la tasa de interés y devaluar la moneda en forma directa para reducir el monumental déficit en cuenta corriente. En fin, la solución no era solo cambiar al ministro de Hacienda, que consintió y propició la revaluación de la moneda y el cuantioso déficit en cuenta corriente, sino modificar el modelo económico. En términos generales, se requiere un modelo de desequilibrio que remedie las enormes falencias del sistema económico basado en las economías clásicas de equilibrio.
La caída de la tasa de ahorro que venía de atrás, por diferentes razones, entre las cuales la más importante fue la profundización de la apertura entre 1990 y 2022, se vio agravada por el coronavirus. Luego, la reducción de la tasa de ahorro ocasionó una contracción de la producción. La tasa de ahorro cae a la mitad de la tendencia histórica y la moneda se revalúa. Por lo demás, la inflación (que es un fenómeno de oferta) se busca frenar con una elevación de la tasa de interés que contrae la producción y agrava la inflación. El tipo de cambio se revalúa, ampliando el déficit en cuenta corriente y contrayendo el ahorro y la producción.
La economía queda a la deriva montada en la revaluación y la caída de la tasa de ahorro. El Banco de la República sube la tasa de interés para atraer capitales por la vía de los títulos TES, y tiene el efecto contrario. Así las cosas, el alza de la tasa de interés y la revaluación del dólar propician una caída de la tasa de ahorro que contrae la producción y eleva la inflación. No hay más opción que bajar de la tasa de interés y la devaluación de la moneda para reducir el déficit en cuenta corriente y aumentar la tasa de ahorro.
El balance final está en las cifras presentadas por el DANE para el primer trimestre. El ajuste al ahorro determina un severo estado de decrecimiento de la inversión, las exportaciones y las importaciones. La solución es un nuevo modelo que baje la tasa de interés, y de una vez por todas devalúe la moneda en forma directa. La economía experimentaría una elevación de la tasa de ahorro que la sacaría del estancamiento y la inflación.
