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¿Es el modelo ideal?

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Eduardo Sarmiento
02 de agosto de 2008 - 04:42 a. m.
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Un sistema económico que provoca efectos distintos a los previstos, constituye una evidencia de que la teoría que lo fundamenta es equivocada.

En oportunidades anteriores señalé que el Banco de la República, azuzado por el FMI y las firmas calificadoras de riesgo, está comprometido en elevar la tasa de interés cada vez que sube la inflación. Asimismo, en la última columna señalé cómo el presidente Álvaro Uribe en la alocución del 20 de julio había evolucionado hacia el diagnóstico de que la inflación no es monetaria.

El desenlace de finales de semana era inevitable. El Banco de la República, con base en la información más reciente que revela la rápida elevación de la inflación, procedió a subir la tasa de interés de referencia.

El presidente Uribe, por su parte, respondió airado descalificando al Banco, y como no tiene una teoría concreta para controvertirla, terminó atribuyéndole todas las dolencias que enfrenta la economía y las que se divisan, como el aumento de la pobreza, el desplome del crecimiento y la elevación de la inflación.

La determinación del Banco de la República es técnicamente equivocada. La prescripción está basada en la concepción teórica de que la inflación es monetaria, en cuyo caso, el alza de la tasa de interés baja la inflación y no afecta la actividad productiva. Así, desde el principio de año el gerente del Banco de la República justificó la política de alzas de tasas de interés argumentando que bajaría la inflación y no tendría mayores efectos sobre la actividad productiva. La proyección resultó totalmente fallida. El alza de la tasa de interés ha venido acompañada de una elevación de la inflación y del desplome del crecimiento económico.

Tan cierto es esto, que el Banco ha cambiado dos veces las predicciones de crecimiento elaboradas a finales del año pasado. Aun más diciente, las proyecciones para el presente año del Banco de la República de 4,3% y del Ministerio de Hacienda de 5%, que sirvieron para justificar la medida, no corresponden a la realidad. El producto nacional crecerá cerca de 3,5%.

Un sistema económico que provoca efectos distintos a los previstos constituye una evidencia de que la teoría que lo fundamenta es equivocada. Ningún ser racional mantiene un dispositivo que reiteradamente arroja resultados errados. Cuando las organizaciones económicas fallan y los gestores de la política se resisten a modificarlas, la opinión pública termina haciéndolo por la vía del voto popular o de las protestas ciudadanas.

La verdad es que la importancia de la inflación en la Constitución se dio en una época en que el fenómeno era monetario y de origen doméstico; en esa época las alteraciones del dinero se manifestaban de inmediato en los precios sin mayores efectos


reales. Las condiciones cambiaron con la globalización. La integración comercial ha hecho que los precios de los bienes transables se fijen en el exterior y la competencia para exportar, que los salarios se determinen en los mercados internacionales.

Así las cosas, la inflación pasó a ser en buena parte un fenómeno mundial, mucho menos dependiente de las condiciones monetarias domésticas. En efecto, la inflación mundial descendió en el período 2000-2005 por la configuración de un exceso de ahorro sobre la inversión mundial, se revivió a partir de 2005 por la disminución del excedente y se acentuó en el último año cuando se convirtió en un exceso de inversión sobre el ahorro.

Esta es la razón por la cual en Colombia la elevación de la inflación coincide con el desplome de la producción; la primera viene de afuera y la segunda resulta de los desaciertos domésticos. Por eso mismo, la tasa de interés no afecta mayormente la inflación y amplifica el desplome de la producción.

El banco central que da prioridad a la inflación

El conflicto entre el Presidente y la Junta del Banco de la República es el resultado del fracaso del modelo del banco central autónomo que le da prioridad a la inflación. La Junta hace lo suyo, cuando en virtud de la Constitución, mal interpretada, eleva la tasa en respuesta a la inflación, y el Presidente la cuestiona cuando advierte que la decisión no logra los propósitos buscados. Lo que se plantea es modificar el modelo de banco central, inadecuado en las condiciones actuales, en un estado de estanflación.

Se abre camino una reforma constitucional que defina las funciones del Banco, precise el significado de la autonomía y actualice los períodos de nombramiento de los miembros, de acuerdo con las realidades constitucionales, e incorpore otros estamentos en su selección.

Aun más urgente, reformar la ley del Banco de la República, al igual que la visión de los directores, para apartarse de la inflación objetivo y sustituirla por una organización que opere sobre varios instrumentos y se coordine con el resto de la política para obtener diversos objetivos. Por ejemplo, moderar la inflación, revertir el desplome de la actividad productiva y evitar la revaluación.

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