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24 Apr 2022 - 2:00 a. m.

Estancamiento, inflación y distribución de ingreso

El modelo de libre mercado imperante de los últimos años les jugó una mala pasada a Colombia y la región. Configuró una estructura de bajo ahorro y productividad que redunda en producción, empleo y crecimiento por debajo del potencial, y deteriora la distribución del ingreso. Basados en las condiciones irrealistas de la teoría de equilibrio y mercado, se configuró una estructura en la que la competencia y las fuerzas convergentes del mercado solucionaban la eficiencia y la distribución del ingreso. En su lugar, se conformó un estado de desequilibrio, donde la producción, el empleo y el crecimiento evolucionan por debajo del potencial, a tiempo que la distribución del ingreso se deteriora.

La información económica mundial y nacional no coincide con las proyecciones de los organismos internos. El producto nacional estimado por el DANE, con base en la demanda, que venía a un ritmo del 11 % a finales de 2021, en enero y febrero descendió al 8 %. El estimativo por el lado de la oferta, que es mucho más estable, creció un 5 % en 2021 y crecerá alrededor del 3 % en 2022.

Como lo he señalado en forma insistente, el desempeño irregular de la economía obedece a una deficiencia de ahorro, que viene de años atrás, y se agravó por el coronavirus y los cuantiosos déficits en cuenta corriente para enfrentarlo. La manifestación más clara de la falla está en el disparo de la inflación, el desbordamiento de las importaciones por encima de la demanda y la monumental caída de la agricultura.

Simplemente, las fuerzas convergentes del mercado, el modelo en boga, propicia un estado de producción por debajo de la demanda que impide el funcionamiento regular del sistema, y el mercado no tiene ninguna capacidad de remediarlo. Por el contrario, lo agrava. Quiérase o no, la economía está en un estado de estancamiento e inflación. Los trabajadores presionan por el alza de salarios porque suben los precios, y los empresarios elevan precios porque los salarios suben.

Infortunadamente, los organismos internacionales y las autoridades económicas que han causado el desorden no avanzan en diagnósticos sobre las características de la crisis. Los monumentales errores de predicción, como el de la compensación de la caída de 2020 con el rebote, o el de la corta duración de la inflación, se corrigen con nuevas proyecciones generalistas, que no contemplan las características propias de los países y no se sabe de dónde provienen.

Está visto que el manejo actual ha generado un desajuste en el sistema que no puede ser resuelto por las fuerzas convergentes del mercado. Las políticas convencionales de equilibrio de mercado no han sido capaces de superar el fuerte vínculo entre la producción, la inflación y la inequidad, que tiende a reforzarse. No hay un reconocimiento de los daños estructurales causados por el modelo imperante de bajo ahorro y productividad.

Lo cierto es que la economía colombiana está abocada en los últimos años a caídas de la tasa de ahorro y de la relación capital-producto, las cuales son irregulares a todas luces, y dan lugar a un estado de descenso de la producción y el empleo, disparo de la inflación y deterioro en la distribución del ingreso. Lamentablemente, no se hace nada para corregir la falla y, por el contrario, se agrava bajando aranceles, reprimiendo el crédito y sosteniendo el sistema pensional.

La solución, que he presentado con insistencia, es un nuevo modelo de reformas estructurales que convierta el exceso de demanda sobre la oferta de dinero en exceso de oferta, modifique la composición comercial y sectorial hacia actividades con mayor productividad y demanda, reduzca el déficit fiscal y racionalice el sistema pensional.

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