6 Jun 2021 - 2:00 a. m.

Hacia un nuevo paradigma

En las teorías económicas provenientes de las escuelas dominantes de libre mercado se proclama durante un siglo que el crecimiento y la distribución del ingreso son separables. En términos más concretos, el ahorro y el salario son independientes. No es cierto. La información comparada e histórica de Colombia muestra que la relación entre las dos variables depende de las características y organizaciones institucionales de los países. En las economías donde el ahorro y el salario evolucionan en la misma dirección la producción y el empleo crecen por encima de la tendencia histórica, al tiempo que las diferencias de ingresos disminuyen.

El Gobierno está montado en la teoría económica neoclásica de mercado que proclama el crecimiento y la distribución son separables y son inducidas por el equilibrio y el mercado. Ya está visto que este modelo llevó a un déficit fiscal de 9% del PIB y un deterioro de la distribución del ingreso que precipitó la protesta social. La solución no es reprimir a los manifestantes, sino cambiar el modelo que causa el daño.

En condiciones de libre mercado, como se observa en Colombia y Chile, el crecimiento y la distribución del ingreso están en abierto conflicto. Lo que se hace en un frente se compensa en el otro. El ahorro y el salario evolucionan en dirección opuesta.

La presión del mercado, los organismos internacionales y las firmas calificadoras de riesgo es que el país salga de la crisis actual con el modelo imperante de crecimiento inequitativo. Las fórmulas fiscales en el fondo son procedimientos para aumentar los recaudos tributarios a cambio de reducir el salario. Mientras que los impuestos indirectos y al ingreso a las personas naturales recaen en los grupos medios, en el caso de las personas jurídicas se trasladan al trabajo mediante menores salarios y empleo.

La verdadera causa de la crisis es el modelo económico fundamentado en equilibrio y libre mercado que ha sido controvertido por los hechos. Y lo más grave, da lugar a un conflicto entre el crecimiento y la equidad que precipita la protesta social.

La solución no puede ser otra que el cambio de modelo mediante reformas estructurales que eleven el ahorro y sostengan el salario por encima de la productividad del trabajo. No es algo que se pueda hacer con medidas coyunturales y reformas tributarias que se trasladan a los más débiles en las economías guiadas por el fundamentalismo de mercado. Es necesario acudir a las reformas estructurales, que hemos sugerido desde el comienzo de la pandemia, como la composición comercial y sectorial, la concepción monetaria, las transferencias de las rentas públicas y la política laboral de salarios y empleo.

La más urgente es el cambio de orientación de la concepción monetaria que ha mantenido la oferta global por debajo de la demanda y de la oferta de empleo por debajo de la demanda. No se trata de imprimir billetes para aumentar el gasto público de consumo. Se trata de una gran operación monetaria para superar el conflicto entre el crecimiento y la equidad que ha sido negado por las teorías económica dominantes de mercado, para lo cual se dispone de amplias facultades en la Constitución Nacional. La tarea se puede adelantar con un programa monetario que aumente la base monetaria en 6% del PIB en el presente año y en el siguiente. El ahorro aumentaría y el salario se colocaría por encima de la productividad.

En este contexto, es factible avanzar en un acuerdo nacional para mejorar rápidamente la distribución del ingreso dentro de un marco de crecimiento por encima de la tendencia histórica. Más aun, los acuerdos se podrían concertar dentro de metas numéricas, como sería reducir el coeficiente de Gini en siete puntos porcentuales en los próximos 5 años.

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