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En columnas anteriores mostré como la economía mundial y la colombiana operaban en estado de ahorro faltante, que tiene como contraparte un exceso de demanda sobre la oferta que no podía manejarse dentro de las concepciones de mercado de elevar la tasa de interés y conformar déficits en cuenta corriente.
En la última columna mostré que las economías de Colombia y Chile conformaron estructuras de elevados déficits en cuenta corriente que acentúan la deficiencia de ahorro que viene de atrás.
A viva voz recomendé bajar las tasas de interés e intervenir el tipo de cambio para devaluar la moneda en forma directa. Como no se hizo la tarea, las economías quedaron expuestas a una reducción del ahorro, que tiene su manifestación más clara en la suma de déficits fiscales y en cuenta corriente cercana al 10 % del PIB, la más alta del mundo. Ambas economías están expuestas a un estado de declive del crecimiento económico, ampliación del déficit en cuenta corriente y revaluación del tipo de cambio, que no son sostenibles.
Algo similar acontece a escala mundial. La economía mundial viene de tiempo atrás en un estado de ahorro decreciente y, como lo señalé repetidamente, no se hacía nada para revertirlo.
El mundo se encuentra en un estado de tasas de interés confiscatorias y déficits en cuenta corriente que hacen metástasis. No son sostenibles. El sistema financiero de los países grandes y medios está expuesto a mayores salidas que entradas de capitales, que precipitan la bancarrota.
La crisis nos remonta al primer curso de macroeconomía aplicada. La economía mundial, al igual que Colombia y Chile, se encuentra en un estado de tasas de ahorro decrecientes y déficits de la balanza de pagos que son incontrolables dentro del marco de libre mercado y tasas de cambio flexibles.
Lo cierto es que la economía mundial está en un estado de ahorro decreciente y déficit ascendente de la balanza de pagos que configuran una economía en desequilibrio, economía de oferta. La producción y el empleo decaen, la inflación se acelera, el déficit en cuenta corriente aumenta y la tasa de cambio se revalúa.
Estamos en economías en desequilibrio que solo se pueden encauzar con modelos basados en las condiciones propias de los países, que eleven la tasa de ahorro, intervengan el mercado cambiario para devaluar la moneda en forma directa y, desde luego, bajen la tasa de interés.
Lo cierto es que el resultado no se puede lograr dentro del de la concepción dominante de altas tasas de interés, austeridad monetaria y tasa de cambio flexible. Se requiere un banco central que baje la tasa de interés e intervenga el mercado cambiario para devaluar la moneda en forma directa.
Luego de la profundización de la apertura y el coronavirus, las economías pasaron a operar con menos ahorro y mayor déficit en cuenta corriente. El sector financiero mundial entró a un estado donde lo que ingresa es menos de lo que sale y aumenta la probabilidad de crisis.
La economía colombiana quedó con altas tasas de interés y revaluación de la moneda, que generan salidas de capitales y aumentan la probabilidad de bancarrota. En fin, el país está en estado de declinación del ahorro y de revaluación que le implican mayor intervención directa para devaluar el tipo de cambio.
