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13 Feb 2022 - 2:00 a. m.

Inflación de producción

En el Marco Fiscal de Mediano Plazo del Gobierno, en el cual se presentan las proyecciones macroeconómicas, se hace un gran énfasis en el crecimiento económico, pero no se profundiza en su relación y las causas de la inflación. Por su parte, el Banco de la República adoptó una política de tasa de interés para reducir la inflación e insinúa sostenerla en el futuro, y no señala su relación e impacto sobre la producción. Al parecer, el Ministerio de Hacienda se encarga de la producción y el Banco de la República de la inflación. No advierten que la curva de Phillips —en que la producción y la inflación van en dirección contraria— se invirtió. En los últimos tres meses la inflación sube y el crecimiento del producto declina. Lo que se hace en una dependencia se contrarresta en la otra.

Lo cierto es que la economía se vio abocada a una reducción de la tasa de ahorro que viene de una década atrás, y se agravó con la pandemia y las acciones para enfrentarla. La ley de Say no se cumple. Los sectores conformados con bienes más inelásticos a los precios, como ocurre con las actividades líderes de la industria, la agricultura y la minería, operan con exceso de demanda sobre la oferta, en tanto que en las actividades altamente elásticas, como servicios comerciales y bancarios, la oferta crece igual que la demanda. El conjunto opera con exceso de demanda sobre la oferta, e induce toda clase de ajustes traumáticos. La producción y el empleo disminuyen y la inflación sube. La curva de Phillips se invierte. La contracción de la demanda y la represión monetaria no tienen mayor efecto sobre la inflación.

Los desaciertos provienen en buena medida de la economía mundial y de los grandes centros del poder, y tienen la verificación más clara en el período 2020-2023, cuando se observará el mayor ciclo del producto nacional del siglo. La ortodoxia mundial —encabezada por los más influyentes economistas de los Estados Unidos, como Paul Krugman (Premio Nobel) y Larry Summers (exministro de Hacienda de Clinton) y la revista The Economist, que proclamaba que la reducción del ahorro que venía de atrás y acentuado por la pandemia no tendría mayor efecto sobre la economía mundial y las nacionales—, en publicaciones recientes, ha reconocido el error, y lo atribuye a la discrepancia entre la realidad dictada por los hechos y de la teoría dominante de mercado y equilibrio, que proclama la independencia del dinero y los bancos centrales con respecto a la estructura económica y la producción.

La solución de fondo a la inflación es la elevación de la tasa de ahorro, que se puede lograr con un modelo de severas reformas estructurales en materia monetaria y financiera, comercio internacional transferencias de las rentas sociales y política laboral. En términos de economía positiva, adquiere la forma de conciliación monetaria para convertir el exceso de demanda sobre la oferta de dinero en mayor tasa de ahorro y de política industrial orientada a incrementar las actividades de mayor productividad del trabajo y demanda, y extirpar el déficit en cuenta corriente. El primer paso, el inmediato, es la ampliación del crédito privado por conducto del mayor acceso de las empresas al sistema financiero. La producción y el empleo aumentarían y la inflación desaparecería.

De ninguna manera se trata de emitir para aumentar el gasto público y el consumo. El artificio reduciría el ahorro y el crecimiento y en algún momento se llevaría la distribución del ingreso por delante. Lo que se plantea es una ampliación de la base monetaria, y en especial del crédito privado, para aumentar la actividad de los sectores líderes y nivelar el abastecimiento global con la demanda.

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