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22 May 2022 - 5:00 a. m.

La economía al vaivén

La información reportada por el DANE bien analizada y presentada confirma los planteamientos de la columna del domingo pasado. De tiempo atrás, el Gobierno pretende ampliar la tasa de ahorro, que es la variable más estructural de la economía, con políticas de libre mercado y políticas de demanda que reducen del ahorro y amplían la discrepancia entre la demanda y la oferta, y dejan el sistema a la deriva. La producción estimada por los procedimientos convencionales de demanda disminuye rápidamente, la inflación se dispara y la producción bien medida se estanca.

Así lo confirma la información reportada por el DANE que muestra que la demanda, que venía creciendo 10,6 % en 2021, decae rápidamente. Por otra parte, la producción representada en términos de la suma de los valores agregados sectoriales creció 2 % en el primer trimestre y muestra signos de debilitamiento. No hay ninguna posibilidad de que la economía crezca el 7 % señalado por el Gobierno. Al igual que la economía mundial, la economía colombiana está entrando en fase de estancamiento.

El resultado descrito en buena medida es responsabilidad de los organismos internacionales, los gobiernos y la OECD que propiciaron corregir la caída de la tasa de ahorro que venía de atrás y se agravó con la pandemia, por medio de políticas fiscales que la reducen. Las economías evolucionan dentro de una discrepancia entre la oferta y la demanda que las dejan a la deriva. La producción y el empleo se estancan, a tiempo el déficit de la balanza de pagos aumenta, la inflación se acelera y se torna inercial.

En un total desacierto histórico la reducción del ahorro se contrarresta con déficits fiscales y comerciales, y contracción monetaria, que tuvieron un efecto contrario al buscado. El ahorro disminuyó rápidamente y tiene su manifestación más clara en el aumento de la demanda por encima de la producción.

El Gobierno está comprometido en normalizar la economía y controlar la inflación con medidas de demanda que son inadecuadas e inefectivas en las economías de oferta.

La solución se puede lograr con el cambio de modelo, que he recomendado insistentemente en los últimos dos años, y tendría como puntales la reorientación de la política monetaria para conformar un exceso de oferta sobre la demanda de dinero, y el desmonte de la apertura y los TLC, y su sustitución por una política industrial y comercial orientada a propiciar las actividades de mayor productividad y demanda.

Lo más preocupante es que la caída de la tasa de ahorro es un serio obstáculo para avanzar en las reformas sociales que requiere el país para conformar una sociedad más equitativa. Así, la aplicación de los planteamientos generales de Sergio Fajardo y de las propuestas más concretas de Gustavo Petro requieren un marco de gradualidad y continuidad que solo se consigue en un ambiente de crecimiento y estabilidad financiera y comercial.

En fin, la economía se enfrenta a un serio faltante de ahorro que se manifiesta en la discrepancia entre la demanda y la oferta agregada. Como se enseña en el primer curso de economía, la producción y el empleo se estancan y la inflación se dispara.

La solución a la caída del ahorro se busca con medidas que la agravan. El remedio resulta peor que la enfermedad. La verdadera solución es un nuevo modelo que eleve el ahorro mediante la reorientación de la política monetaria y modifique la estructura comercial y sectorial con políticas arancelarias e industriales.

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