Como se advirtió en las últimas columnas, estamos ante un ajuste dictado por el intento de sostener el ahorro por debajo de la inversión con el instrumental de oferta.
Estamos ante una profunda crisis causada por un mal diagnóstico, en el intento de regular la economía en desequilibrio con un modelo de mercado que baja el ahorro y el producto nacional, y aumenta el déficit fiscal.
Las soluciones que reducen el ahorro contraen el crecimiento y deterioran distribución del ingreso, y no son sostenibles. No hay más opción que un modelo que revierta el deterioro de la tasa de ahorro, el empleo y el producto, y detenga el monumental disparo del déficit fiscal. En fin, se requiere un modelo que eleve la tasa de ahorro y reduzca el déficit fiscal y en cuenta corriente.
En forma insistente advertí que la economía había entrado en un estado similar al de la pandemia. La producción desciende, el ahorro declina y el empleo se contrae. No había otra opción que bajar la tasa de interés real y devaluar la moneda en forma directa, vendiendo dólares en el mercado de divisas. Como no se hizo, la tasa de interés subió, el tipo de cambio se revaluó y la tasa de ahorro continuó declinando.
Se entró en un proceso creciente del deterioro del sistema. No había más opción que un modelo que bajará la tasa de interés, devaluará la moneda, y así elevará el ahorro y el empleo. En fin, la economía está en un colapso anunciado. El sistema viene de tiempo atrás con un ahorro menor que la inversión, oferta menor que la demanda, y solo se podía controlar o contrarrestarse con intervención en el mercado cambiario o monetario.
Las economías están expuestas a una reducción del ahorro y un aumento del déficit fiscal que las conducen al colapso. Se requiere un modelo que eleve el ahorro y reduzca el déficit fiscal, baje la tasa de interés y devalúe el tipo de cambio. Como no se hace el ajuste, el sistema queda en un estado precario de ahorro menor que la inversión, que no es sostenible.
El sistema se precipitó en un estado de oferta. Se quebró la igualdad entre la oferta y la demanda. El comportamiento de la producción es sobreestimado por el cálculo de demanda en las cuentas nacionales, que supone que las dos curvas se igualan. En síntesis, se tiene un modelo de desequilibrio.
Estamos en una economía de oferta, oferta menor que la demanda, ahorro menor que la inversión, y se pretende normalizar reduciendo el ahorro mediante la conformación de un déficit fiscal financiado con la sobrefacturación de las proyecciones de ingresos tributarios y el déficit en cuenta corriente basado en el aumento de importaciones.
Se quiebra la igualdad entre la oferta y la demanda agregada. La primera es determinada por el capital y el empleo y la segunda proviene del cálculo de las cuentas nacionales, déficit fiscal y déficit en cuenta corriente de más de 10% del PIB. El panorama de Colombia en muchos aspectos es similar al que se está viviendo en la economía mundial, y que se puede sintetizar en una frase: estamos ante economías de oferta que se enfrentan con modelos de equilibrio que reducen el ahorro.
Las economías quedan abocadas a estados estructurales de ahorro menor que la inversión que en algún momento se precipitan en colapso. La igualdad entre la demanda y la oferta se quiebra. La oferta es determinada por la tasa de ahorro y el empleo. La demanda corresponde a la formulación convencional de inversión, déficit fiscal y déficit en cuenta corriente. Como la oferta declina y la demanda aumenta, el sistema colapsa. La reactivación se consigue con modelos que aumenten el ahorro y reduzcan el déficit fiscal y en cuenta corriente