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12 Jun 2022 - 2:00 a. m.

La estanflación de América Latina

El Banco Mundial revela las cifras del crecimiento económico de América Latina, que reconocen que la crisis que siguió a la pandemia no se ha resuelto, como lo proclamaba a finales del año pasado. En ese momento se decía a viva voz que la caída de 2020 se había corregido con el rebote que significaba la elevación del crecimiento económico y la tasa de ahorro. No es cierto. En varios países se observan fuertes caídas de la tasa de ahorro, que dan lugar a crecimientos del producto por debajo de la demanda. En Colombia, en 2021, la tasa de ahorro se redujo a la mitad, lo que significa que la producción creció 10 % por debajo de la demanda. Los cálculos de las cuentas nacionales están sobreestimados. El comportamiento tiene su manifestación más clara en la aparición de déficits desbordados a todos los niveles: déficit fiscal del 9 % del PIB, déficit en cuenta corriente del 6 % del PIB y exceso de demanda sobre la oferta de dinero del 3,5 % del PIB.

La proyección reportada por el Banco Mundial revela el decaimiento de las economías. La región que crecía 8 % en 2021 descenderá a 2,4 % en el presente año, y a menos en los siguientes. En términos concretos, la región no ha logrado superar la recesión inducida por la cuarentena. Los países no están en riesgo de estancamiento e inflación, sino que ya se encuentran en ese estado. El resultado obedece, en buena medida, a las políticas fiscales recomendadas por el FMI y el BM, que intentan contrarrestar la caída de la tasa de ahorro que viene de atrás, y que se agravó por el confinamiento y las políticas fiscales.

La verdadera causa de la anomalía está en la baja a la tasa de ahorro. Mientras se mantenga ese estado, los trabajadores y empresarios buscarán inoficiosamente subir el salario y mantener la rentabilidad de las empresas. Estamos dentro de un modelo que deprime la tasa de ahorro e induce a colocar el salario por debajo de la productividad, lo que desata la inflación inercial.

La solución la he presentado de forma insistente desde hace dos años. La política fiscal es ineficaz para contrarrestar la caída de la producción proveniente de la reducción del ahorro. Mientras el Gobierno aumente los déficits a todo nivel, para controlar el exceso de demanda agregada sobre la oferta, la producción decaerá y la inflación inercial se sostendrá. La economía queda a la deriva.

Es claro que el paradigma de enfrentar un estado de oferta con diagnósticos y políticas de demanda condujo al mundo, y en mayor grado las economías de menor desarrollo, a estados de estancamiento e inflación. En efecto, se plantea una severa conciliación, o si se quiere intervención institucional, para elevar el ahorro y restaurar la igualdad entre la oferta y la demanda agregada.

En fin, la región evoluciona dentro de un modelo en el cual la tasa de ahorro declina, la producción es menor que la demanda, la inflación se dispara y el salario se coloca debajo de la productividad. El crecimiento se deprime y la distribución del ingreso se deteriora. La eventualidad se puede evitar con un nuevo modelo que eleve la tasa de ahorro y sostenga la productividad y el salario. En la práctica, se puede lograr con la reorientación de la política monetaria y financiera, y el cambio de la estructura comercial y sectorial hacia actividades de mayor complejidad y productividad.

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