En varias columnas reiteré que se tiene una economía de oferta, ahorro menor que la inversión, y se pretende superar con un modelo que revalúa la moneda y aumenta el déficit fiscal y en cuenta corriente. Lo que se requiere es un modelo que devalúe la moneda en forma drástica, aumente el ahorro, y reduzca el déficit fiscal y en cuenta corriente, como lo hicieron los Tigres Asiáticos durante 40 años.
La operación no la puede realizar el mercado por conducto de la tasa de interés de referencia. La presencia del Gobierno por conducto del Ministerio de Hacienda es indispensable para devaluar la moneda, elevar la tasa de ahorro, y reducir el déficit fiscal y en cuenta corriente. La tarea no la puede hacer el mercado.
En la última columna se advirtió que la economía venía de un estado de ahorro menor que la inversión y se enfrentó con el instrumental keynesiano que amplía el gasto público, el déficit fiscal, y reduce el ahorro. Se configuró un círculo perverso en que el tipo de cambio se revalúa y la tasa de ahorro y el crecimiento decaen y se refuerzan.
La verdad es que la economía venía de un estado de ahorro menor que la inversión que se enfrentó con medidas e instrumental keynesiano que amplía el gasto público y reduce el ahorro. El tipo de cambio se revalúo 35 % en términos reales, la tasa de ahorro descendió 40 % con respecto a la tendencia histórica, y la suma del déficit fiscal y en cuenta corriente pasó a 10 % del PIB. Así la oferta disminuye y la demanda aumenta y tiene la manifestación más clara en la caída de la tasa de ahorro, el empleo formal y el crecimiento económico.
La verdad es que la igualdad entre la oferta agregada y la demanda agregada, entre el ahorro y la inversión se quebró. La igualdad no resulta del mercado. Está condicionada a la acción de los países para bajar la tasa de interés real, devaluar la moneda, elevar la tasa de ahorro, y reducir el déficit fiscal y en cuenta corriente.
El error histórico estuvo en el intento de mantener un estado de oferta por debajo de la demanda, en contra del primer principio de la ciencia económica; la demanda no crea su propia oferta. A menos que el error histórico se remedie con una reforma que aumente el ahorro, el sistema tiende al colapso. No hay otro camino que la intervención del Estado para aumentar el ahorro, como serían la baja de la tasa de interés y la devaluación drástica de la moneda, y la reducción del déficit fiscal.
Pero la baja de la tasa de interés y la devaluación de la moneda precipitan la salida de los inversionistas extranjeros que acentúa la devaluación y conduce al colapso. La eventualidad puede evitarse con la devaluación drástica.