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El funcionamiento de la economía se deforma por predicciones que no se cumplen. El Banco de la República, el Gobierno y los organismos internacionales predijeron que la economía crecería 8 % en 2023, pero crecerá por debajo del 2 %.
La economía evoluciona por debajo de su potencial y no se hace nada para entender las causas y buscar las soluciones. El Gobierno y el Banco de la República están comprometidos en la elevación de la tasa de interés y la devaluación del tipo de cambio, que han conducido a un déficit en cuenta corriente del 8 % del PIB. La solución no puede ser distinta a la de reducir el déficit fiscal para aumentar el ahorro interno.
El país cayó en el caso de la economía de oferta. La tasa de ahorro, la producción y el empleo caen. El único camino es que el Banco de la República baje la tasa de interés y devalúe la tasa de cambio en forma directa para reducir el déficit en cuenta corriente. No queda más alternativa que reducir el déficit fiscal para aumentar el ahorro y sostener la producción y el empleo.
Las medidas anunciadas por el Gobierno, con motivo de la adición presupuestal de la reforma tributaria por $22 billones y del plan de desarrollo de ampliar el gasto público, enfrentan serias dificultades en el estado actual de la economía. De hecho, significarían la reducción de la tasa de ahorro, que ampliaría la diferencia entre la producción y la demanda agregada.
Estamos en un estado de desequilibrio estructural ocasionado por la caída del ahorro y la solución se pretende con un modelo de equilibrio, medidas de mercado como el alza de la tasa de interés y el tipo de cambio flexible, que dan resultados opuestos a los buscados. La tasa de ahorro y el producto nacional declinan y se refuerzan. La economía queda a la deriva. La solución no es otra que cambiar el modelo por otro que eleve la tasa de ahorro mediante drásticas reformas monetarias y comerciales. La más severa es la reducción del déficit fiscal para aumentar la tasa de ahorro.
Las medidas anunciadas por el Gobierno de ampliar el gasto público enfrentan serias dificultades en el estado actual de la economía. De hecho, significaría la reducción de la tasa de ahorro, que amplía la diferencia entre la producción y la demanda agregada. Se entraría en un proceso de contracción de la producción y baja del ahorro que se refuerzan.
Lo cierto es que la confluencia del déficit en cuenta corriente y el déficit fiscal ocasionarían en conjunto una severa contracción del ahorro que interfiere e impide el funcionamiento regular de la economía. El bache entre la producción nacional y el gasto, que es proporcional a la diferencia entre el ahorro y la inversión, se vería incrementado en forma pronunciada. En este contexto, el programa de gasto social, que es claramente justificable en Colombia por el severo retraso social, se tornaría insostenible.
La verdad es que la economía opera con una tasa de ahorro decreciente que no puede ser contrarrestada con acciones de mercado, como subir la tasa de interés y adoptar tasas de cambio flexibles. Es necesario bajar la tasa de interés a sombrerazos e intervenir en el mercado cambiario para fijar el tipo de cambio en forma directa de acuerdo con las condiciones de la economía.
