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Las dos economías fueron montadas dentro del modelo económico de libre mercado que predice que el crecimiento y el progreso son independientes de la distribución del ingreso. Basados en la falsa premisa, los países adoptaron el modelo de libre mercado que busca el crecimiento y el progreso a cambio de la reducción del salario y el deterioro de la distribución del ingreso.
En las economías en desarrollo, en especial las más desiguales, el mercado conduce a bajas tasas de ahorro que quiebran el balance interno entre el ahorro y la inversión, a tiempo que reduce el salario y deteriora la distribución del ingreso. Luego, la distribución del ingreso provoca la protesta social que presiona al Gobierno a aumentar el gasto de consumo. La economía entra en un proceso de reducción del ahorro y el salario, que da lugar a elevados déficits fiscales.
Colombia y Chile vienen operando de tiempo atrás con un modelo de crecimiento inequitativo. No se cumplen las condiciones de la teoría convencional de mercado de que el crecimiento y la distribución son separables. En razón de las características especiales de las economías en estado de desarrollo emergente, el crecimiento económico se consigue a cambio del deterioro del salario y la distribución del ingreso. No se ha salido del estado feudal de que el crecimiento y el progreso se consiguen a cambio de la explotación de los más débiles.
Las deficiencias del modelo económico se vieron agravadas por el mal diagnóstico del coronavirus. La cuarentena ocasionó una reducción de la tasa de ahorro, porque la población dejó de trabajar y producir. Pues bien, la reducción del ahorro se compensó con un aumento del gasto público de consumo que disparó el déficit fiscal.
En Chile la protesta es impulsada por el contraste creciente. La inconformidad de las mayorías está en que los beneficios del sistema se concentran en una cúpula y no gotea el resto de la población. La salida se consigue en parte con reformas que rectifiquen las exageraciones de libre mercado introducidas por Pinochet y los Chicago Boys y se introduzcan transformaciones y derechos sociales en favor de las clases laborales medias y bajas. En Colombia la protesta proviene de la ampliación de las desigualdades por la exclusión y el empobrecimiento de la población más desfavorecida. La solución es más compleja.
Colombia y Chile se asemejan en los resultados del modelo de crecimiento inequitativo. El ahorro, el crecimiento y el empleo se consiguen en buena medida a cambio de la reducción del salario, la contracción del trabajo en el producto nacional y el elevado coeficiente de Gini.
El modelo condujo en ambas naciones a la protesta social que condiciona el orden económico a un cambio drástico que reduzca la brecha entre los que tienen más y tienen menos. Chile buscó posponer el impase con una reforma constitucional y avanzó con la elección de la Asamblea Nacional encargada de redactar la nueva carta. Colombia lo ha enfrentado con transferencias presupuestales que elevan el consumo y reducen el ahorro, y tienen la manifestación más clara en la conformación del déficit fiscal de 9% del PIB, que es insostenible. Esta visto como el intento de moderarlo con una reforma tributaría de impuestos indirectos y al ingreso que reducen el salario de la clase trabajadora amplificó la protesta social.
La crisis económica de Colombia no se puede superar por la vía de las transferencias fiscales que reducen el ahorro y terminan en insolvencia de caja, ni con reformas tributarias que bajan el salario. La solución es el cambio de modelo que eleve el ahorro y sostenga el salario mediante reformas estructurales al sector externo, la concepción monetaria, la política social de transferencias y la política laboral.
