29 Nov 2020 - 3:00 a. m.

Lenta productividad

La comisión de empleo creada por el Gobierno presentó un primer informe público. Los autores señalan que la economía lleva varios años sin mayor avance en la productividad del capital y del trabajo. El informe no se refiere a los empresarios y a la organización institucional que no han encontrado los medios para incrementar la riqueza, la producción y el empleo. En su lugar, sin ningún fundamento estadístico, atribuye el fracaso al subsidio a los gastos sociales básicos, que si bien adolece de fallas, su arreglo no puede hacerse a la luz de generalidades.

El estancamiento de la productividad que se presentó durante los 30 años de globalización, agravado en los últimos años, ha llevado a desempolvar las teorías que fracasaron y causaron el derrumbe. Las soluciones se buscan haciendo lo mismo de antes.

La verdadera causa del estancamiento de la productividad es la teoría de ventaja comparativa de David Ricardo, que induce a los países a especializarse en los bienes de mayor productividad relativa, es decir, que pueden elaborar más fácilmente, que son los que tienen menor demanda y productividad absoluta en los países de mediano desarrollo. Estos adquieren los bienes en el exterior a menor precio a cambio de producir bienes de menor demanda y menor productividad de trabajo y salario. Algo similar sucede en el mercado interno. Los consumidores prefieren los bienes de menor valor con respecto al ingreso. Los altos crecimientos de la industria y la construcción que se presentaban antes de la globalización dejaron de presentarse.

El país configuró una estructura de comercio internacional y sectorial que carece de demanda y da lugar a salarios inferiores a los de los países desarrollados. Se encuentra en uno de los peores mundos laborales. Opera con alto desempleo y bajos salarios. Por eso, la participación del trabajo en el producto disminuye en forma sistemática.

El documento cae en el error común de atribuir el desempleo y la producción al salario. No es correcto. En Colombia está visto que el desempleo venía de tiempo atrás por la política de elevado consumo y de déficit en cuenta corriente, y luego la cuarentena por la pandemia provocó la caída del ahorro y aumentó el déficit en cuenta corriente. Por su parte, el salario, no obstante los altos ajustes de la remuneración mínima en los últimos años, se mantiene por debajo de la productividad. En este contexto, la represión salarial deteriora la distribución del ingreso y no afecta mayormente el crecimiento.

El subsidio a los derechos fundamentales ha surgido como una forma de captar para los trabajadores la renta originada por la naturaleza de los servicios sociales y evitar que vaya al capital. A pesar de las deficiencias, es uno de los pocos mecanismos disponibles para reducir las desigualdades. Sus desperfectos se deben corregir donde se causan. En el caso de las pensiones, donde se presenta el mayor desorden, se puede corregir con la reforma de la Ley 100, que se ha recomendado insistentemente en esta columna y el Gobierno está en mora de realizar. Lo que no tiene sentido es eliminar el subsidio al trabajo para que se lo apropie el capital.

Las causas del desempleo y la baja productividad son el resultado de una economía de mercado que está expuesta a serias deficiencias estructurales que terminan en lento crecimiento y deterioro de la distribución del ingreso. Lo que se plantea para elevar la productividad es construir una estructura de comercio internacional de complejidad creciente y avanzar en una política de demanda interna en favor de los sectores con mayor capacidad de expansión, como la industria, la agricultura de granos, la construcción, la educación y la inversión.

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