24 Oct 2021 - 5:00 a. m.

Lenta recuperación

La economía se encuentra en estado crítico. El empleo no registra mayor avance con respecto al nivel registrado en 2019, la tasa de ocupación es muy inferior a la registrada antes de la pandemia. El déficit en cuenta corriente ascendió a 6,5% del PIB en el segundo trimestre, cifra nunca antes vista. La demanda agregada estimada por el DANE, que sirve de base para la estimación del producto nacional, si bien tuvo un repunte al principio del año, ha declinado en forma permanente. En efecto, la demanda supera la oferta y desciende en forma sistemática, y está por debajo de las proyecciones de los organismos internacionales.

La explicación la presenté hace más de un año. La reducción de la tasa de ahorro, que venía de atrás y se vio seriamente agravada por la cuarentena de la pandemia, en conjunto con el aumento del déficit fiscal configuraron una economía de oferta, en la cual, como lo dice su nombre, la producción es menor que la demanda. Se replican las economías del siglo XIX en que la producción y el empleo se desploman y luego entran en estancamiento por varios años. Es improbable que se compense en el presente año la caída registrada en 2020. La demanda estimada por el DANE crecerá por debajo del 7%, como se verá en los próximos meses. El empleo avanza por debajo de la producción y las importaciones y el déficit de la balanza de pagos se disparan. La producción real de la economía evaluada en términos del empleo y la productividad evoluciona muy por debajo de la demanda estimada por el DANE.

¿Qué ocurrió? La reducción del ahorro ocasionada por la cuarentena, el mal funcionamiento de la economía y el déficit fiscal de 10% del PIB configuraron un exceso estructural de demanda sobre la oferta. El desajuste no podía rectificarse con el modelo imperante de libre mercado que induce y señala bajar el salario, eleva la tasa de interés, profundiza la apertura propiciando la entrada masiva de importaciones y revive la inflación.

La verdad es que la economía venía mal porque fue la gran perdedora de la apertura económica y los TLC, que se subsanó en algunos momentos por los altos precios del petróleo, el endeudamiento externo y el narcotráfico. El severo daño sobre la estructura productiva provocado por la especialización en actividades de ventaja comparativa de baja productividad del trabajo y escasa demanda externa deprime los salarios y genera cuantiosos déficits en cuenta corriente, que superan los beneficios coyunturales de adquirir los bienes de mayor complejidad a menores precios en el exterior.

El panorama se puede rectificar con las reformas estructurales que he propuesto en forma insistente en las áreas dominantes de la economía. Ante el atraso del empleo y el acelerado deterioro de la balanza de pagos, la solución práctica adquiere la forma de una política industrial que, en combinación con la política comercial y sectorial, la política monetaria y financiera, la política tributaria y las transferencias de las rentas sociales, reduzca el déficit fiscal, eleve el ahorro y sostenga el salario por encima de la productividad del trabajo.

En este contexto, la economía volvería al redil de las economías de demanda, en las que, como lo dice su nombre, la producción es mayor que la demanda. La actividad productiva se normaliza, el déficit en cuenta corriente disminuye, el empleo avanza paralelamente a la producción y el sistema en conjunto entra en plena recuperación. La economía tendría las condiciones básicas para crecer por encima de la tendencia histórica y mejorar rápidamente la distribución del ingreso medida por el coeficiente de Gini.

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