En las últimas columnas reiteré que la economía está abocada a un estado de ahorro por debajo de la inversión, oferta menor que la demanda, que contradice el primer curso de economía, y no puede ser corregida por el mercado. No hay otro camino que la intervención del Gobierno y el Banco de la República en el mercado cambiario o monetario para aumentar el ahorro y mantener la igualdad con la inversión (reducir el déficit fiscal y en cuenta corriente).
Los hechos se han encargado de confirmar que las economías tienden un estado de ahorro menor que la inversión que no es sostenible y solo puede ser remediado con la intervención del Estado que devalúe la moneda en forma drástica, y reduzca el déficit fiscal y en cuenta corriente.
Estamos con un sistema en que el ahorro y la inversión declinan con la tasa de interés y el ahorro es inferior a la inversión, y no es sostenible. Hay que devaluar la moneda y elevar el ahorro, y reducir el déficit fiscal y en cuenta corriente, como lo hicieron con éxito los Tigres Asiáticos en los últimos cuarenta años.
Como en Colombia no se hizo el tipo de cambio se revaluó, la tasa de ahorro declinó, y la suma del déficit fiscal y en cuenta corriente supera el 11 % del PIB, el más alto del mundo.
La ciencia económica gira alrededor de la creencia de que la igualdad entre la inversión y el ahorro, la oferta y la demanda, se consigue con el alza de la tasa de interés que aumenta el ahorro y reduce la inversión. Lo que se tiene es un mundo donde el alza de la tasa de interés de referencia del Banco de la República baja el ahorro y la producción. Se configura un círculo perverso en que la tasa de ahorro y el crecimiento económico declinan, y se refuerzan.
En la realidad ocurre que la consistencia de las dos curvas no es garantizada por el mercado. Solo mediante la intervención del Estado es posible garantizar la igualdad.
La economía se encuentra en un estado de ahorro menor que la inversión, oferta menor que la demanda, que contradice el primer curso de economía. La demanda no crea su propia oferta. El mercado no garantiza la igualdad entre el ahorro y la inversión. Se requiere la intervención del Estado que baje la tasa de interés y eleve el ahorro, y reduzca el déficit fiscal y en cuenta corriente.
Nada nuevo. Es lo que hicieron los Tigres Asiáticos durante cuarenta años. Dentro del contexto de economías de oferta, que se aparta de la concepción keynesiana de economía de demanda, aumentaron el ahorro y redujeron el déficit fiscal y en cuenta corriente por encima del resto del mundo.
Los resultados están a la vista. Como se muestra en mi último libro “Desequilibrio, equidad y prosperidad (2023)”, los países que más elevan el ahorro y la productividad del trabajo son los que más crecen y mejoran la distribución del ingreso.
La solución se pretende con un modelo idealista de mercado que sube la tasa de interés, revalúa la moneda, y amplía el déficit fiscal y en cuenta corriente, y reduce el ahorro, el empleo formal y el crecimiento económico. Se equivocan en materia grave. La solución es el modelo de economía positiva basado en la observación de los hechos factuales, como es intervenir en el mercado cambiario o monetario para devaluar en forma drástica la moneda y elevar la tasa de ahorro, y reducir el déficit fiscal y en cuenta corriente.
Se tiene una economía de oferta que se enfrenta con el instrumental de una economía keynesiana de demanda. La economía opera dentro de un marco de una economía de oferta (ahorro menor que la inversión), y se regula con un modelo keynesiano de demanda (ahorro mayor que la inversión). Los esfuerzos se orientan a reducir el ahorro para aumentar la producción. El resultado es opuesto al deseado. Lo que se requiere es un modelo que eleve el ahorro para aumentar la producción.