El país configuró una economía de ahorro faltante y pretende remediarlo con un modelo fundamentado en las directrices de libre mercado extremo, como el alza de la tasa de interés y la tasa de cambio flexible. El sistema quedó con una reducción de la tasa de ahorro que amplió la diferencia entre la oferta y la demanda agregada, aumentó el déficit en cuenta corriente de importaciones sobre las exportaciones y se llevó el sistema por delante. Se entró en un círculo vicioso de caída de la producción y el ahorro.
El proceso solo se podía controlar con un modelo que elevara la tasa de ahorro mediante la reducción del déficit fiscal o del déficit de la balanza de pagos.
El desacierto histórico estuvo en pretender elevar el ahorro con un modelo basado en prescripciones de libre mercado. Lo que se requería era un modelo que elevara la tasa de ahorro y ello no se podía realizar por la vía del mercado. No había otra opción que reducir el monumental déficit de balanza de pagos que venía de la apertura y de su profundización en los últimos 10 años.
En el fondo Colombia y Chile pretendían corregir el desequilibrio de ahorro faltante con un modelo que lo reduce y acentúa. Se configura el típico círculo vicioso entre el ahorro y la producción.
Al comienzo de la nueva administración se consideraba que la economía tenía amplio margen para realizar la reforma presentada por el presidente Petro en la campaña presidencial. Se esperaba que el ahorro de la economía suministrara el margen para hacer las transferencias a los sectores más necesitados de la población. Se confiaba en que los recursos provinieran de un menor consumo de los sectores pudientes. Sin embargo, la realidad de la economía muestra que la tasa de ahorro viene declinando. La realización de los programas sociales mejora la equidad a cambio de la contracción del ahorro, que es el principal determinante del buen desempeño de la economía en términos del crecimiento económico y la distribución del ingreso. El dictamen de la realidad revela que el ahorro nacional disminuye y cada día se dispone de menos margen para el gasto social.
El drama de la economía está en la tasa declinante del ahorro con relación a la tendencia. Mientras existan esas condiciones estará expuesta a una reducción de la inversión y la producción. El Gobierno intenta cambiar la tendencia con un cambio en la estructura de producción hacia más importaciones y endeudamiento externo. La política resulta al revés. La moneda se revalúa y a renglón seguido reduce el ahorro interno y la producción.
La solución se busca con un modelo de elevación de la tasa de interés y revaluación del tipo de cambio que reduce la tasa de ahorro. La tendencia declinante del ahorro que venía de atrás se acentúa y hace metástasis. La brecha entre la producción y la demanda, el déficit en cuenta corriente y el conflicto entre el crecimiento y la distribución del ingreso se amplían y acentúan.
Como lo he señalado insistentemente, la solución es un modelo de desequilibrio estructural que eleve la tasa de ahorro en forma directa mediante la baja de la tasa de interés y la ampliación del crédito, y, lo más importante, que intervenga el mercado cambiario para devaluar la moneda en forma directa y así revertir los errores de la apertura comercial.