La crisis mundial gira alrededor de las cifras divulgadas y desplegadas por los medios de comunicación.
Los elementos teóricos dominantes de las recesiones y las recuperaciones no se contemplan ni tienen un tratamiento riguroso. La recuperación está condicionada a acciones internas para cambiar las tendencias o contrarrestarlas y en Colombia no se advierten avances tangibles.
El país no ha logrado superar el mito del equilibrio fiscal que fue uno de los grandes causantes del colapso de 1999. En pleno desplome de la economía en 2008, en los círculos influyentes no se ahorraron presiones para mantener una fuerte represión fiscal. La Comisión de gasto público, conminó al Gobierno a reducir el gasto público para conformar un superávit fiscal. En efecto, al final del año el presupuesto consolidado de la nación, que es el que cuenta para efectos económicos, registró un deficit cercano a cero. Ahora, los mismos grupos, con la falacia de que el país no puede ampliar el déficit fiscal porque no generó superávit en el pasado, ahogaron los anuncios faraónicos de gasto público. No obstante la caída de los ingresos tributarios, el déficit fiscal no pasará de 1.8% del PIB.
Al mismo tiempo, las autoridades monetarias elevaron la tasa de interés hasta finales del año ocasionando una reducción notable del crédito. Tan solo cuando la economía había entrado en recesión procedieron a revertir el error histórico, sin mayores resultados. La baja de la tasa de interés de referencia en cinco puntos porcentuales no ha significado una reducción de más de dos puntos de la tasa de los préstamos y, lo mas grave, ha coincidido con una contracción notable del crédito. Una vez en recesión, el público no esta dispuesto a recibir el financiamiento.
América Latina no ha asimilado la verdadera dimensión de la crisis. En la creencia de que se trata de una simple consecuencia de la anarquía financiera, los líderes presuponen que la región esta blindada a los fenómenos externos. La realidad aparece muy distinta cuando se reconoce que el origen de la crisis está en el orden económico internacional. La caída del andamiaje provocó un exceso de ahorro en Estados Unidos que se transmitió al resto del mundo y finalmente adquirió la forma de una crisis generalizada de balanza de pagos. En tales condiciones, no se puede esperar una reactivación inducida desde afuera. Por el contrario, el déficit en cuenta corriente aumentará 1.5% del PIB.
La aritmética elemental de los componentes de las cuentas nacionales esclarece el panorama. La reducción del crédito y el aumento del déficit en cuenta corriente determinarán una contracción del producto de 4%. Aun en el caso de que el déficit fiscal llegará a 1.8% del PIB, el balance neto es una contracción superior al crecimiento del último semestre del año anterior. Por eso, la economía descendió 2% en el primer trimestre y continuará con índices negativos hasta el final del año.
A todo esto se agrega la revaluación. Ante el temor a la política fiscal y la ineficacia de la política monetaria, se pretende volver a las mismas andadas. En el fondo se esta tratando de revivir la burbuja de la revaluación y la valorización de activos que fue la causa del elevado crecimiento entre 2005 y 2007 y del desplome posterior. La experiencia ha mostrado que el modelo no es sostenible ni genera empleo, y en las condiciones actuales operaría, más bien, como un elemento contractivo. Lo más grave son los efectos sobre el empleo. Como lo describe en forma gráfica el presidente de Colmotores, en las condiciones actuales de tasa de cambio es mejor ensamblar que producir, o dicho en otros términos, recortar la nómina.
Las grandes recesiones son el resultado de aumentos significativos del ahorro en relación con la inversión que generan deficiencias de demanda efectiva con respecto a la producción que precipitan la caída del producto nacional. Una vez en recesión, las economías la superan en la medida que disminuye el ahorro interno, sube la inversión o baja el ahorro externo, definido como la diferencia entre las importaciones y las exportaciones. En Colombia sucede todo lo contrario. Las tres variables en conjunto determinarán una contracción considerable del PIB.
La superación del fondo está condicionada a la intervención del Estado para reducir el exceso de ahorro sobre la inversión o disminuir el ahorro externo (déficit en cuenta corriente). Lo primero podría lograrse con una ampliación del déficit fiscal y lo segundo con una elevación de los aranceles, y ambas recetas están proscritas por la ortodoxia. A menos que se modifiquen las mentalidades, el país tendrá que convivir con la recesión y el estancamiento y confiar en que la aparición de cifras menos peores que las anteriores conduzca a la normalización de la economía.