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En la última columna señalé que la economía estaba abocada a un estado de ahorro por debajo de la inversión, oferta menor que la demanda, que contradice el primer curso de economía, y no puede ser corregido por el mercado. No hay otro camino que la intervención del Gobierno y el Banco de la República en el mercado financiero o cambiario para devaluar la moneda y así aumentar el ahorro y mantener la igualdad con la inversión (reducir el déficit fiscal y en cuenta corriente).
Los hechos se han encargado de confirmar que las economías tienden a un estado de ahorro menor que la inversión que no es sostenible y solo puede ser remediado con la intervención del Estado que devalúe la moneda en forma drástica, y reduzca el déficit fiscal y en cuenta corriente.
Hay que devaluar la moneda en forma drástica y elevar el ahorro y reducir el déficit fiscal y en cuenta corriente, como lo hicieron con éxito los Tigres asiáticos en los últimos cincuenta años.
Estamos con un sistema en que el ahorro y la inversión declinan con la tasa de interés. No hay otro camino que la intervención del Estado para bajar tasa de interés para aumentar el ahorro y la producción, en contravía del mercado que tiende a subir la tasa de interés y bajar el ahorro.
Como se hizo al contrario, el tipo de cambio se revaluó, la tasa de ahorro declinó y la suma del déficit fiscal y en cuenta corriente supera el 11% del PIB, el más alto del mundo. La economía tiende al colapso.
La ciencia económica gira alrededor de la creencia de que la igualdad entre la inversión y el ahorro (la oferta y la demanda) se consigue con el alza de la tasa de interés que aumenta el ahorro y la inversión. Lo que se tiene es un mundo donde el alza de la tasa de interés baja el ahorro y la producción (el crecimiento económico). Lo que se requiere es bajar la tasa de interés que aumente el ahorro y la producción, y más, mejore la distribución del ingreso.
En las teorías dominantes se encuentra que el ahorro y la inversión se igualan por la tasa de interés. La oferta está directamente relacionada con la tasa de interés y la demanda está inversamente relacionada. Así las cosas, el mercado por conducto de la tasa de interés logra el funcionamiento perfecto del sistema. La oferta y la demanda se igualan.
En la realidad, la consistencia o la compatibilidad de las dos curvas no es garantizada por el mercado. Solo es posible con la intervención del Estado que baje la tasa de interés, devalúe la moneda y eleve el ahorro, y reduzca el déficit fiscal y en cuenta corriente.
La reducción del interés aumenta la oferta y sube el ahorro, haciendo posible el crecimiento del producto y la igualdad entre el ahorro y la inversión. En una economía en que la demanda es superior a la oferta, la reducción del interés al incentivar la oferta equilibra los mercados.
