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20 Feb 2022 - 5:30 a. m.

Producción e inflación

En varias columna señalé que la reducción de la tasa de ahorro ocasionaría, por diversos conductos, serios trastornos en todo el sistema económico y propuse soluciones de diversa naturaleza para remediarlo. Tal como lo advertí en varias oportunidades, la reducción de la inversión provocó el quiebre entre la demanda y la oferta agregada. Se configuró un estado de desequilibrio en que la producción es inferior a la demanda.

Así lo confirma la información de las cuentas nacionales divulgada por el DANE para 2021. La demanda agregada —estimada por el procedimiento usual de sumar la inversión, gasto público, exportaciones e importaciones— crece 10,6 %. Por su parte, la producción (oferta agregada) —que es igual a la suma de valores agregados sectoriales y se infiere con la matriz de producción— avanza cerca del 5 %, la cual es cercana al crecimiento del consumo de energía eléctrica y más alta que el crecimiento del empleo.

En fin, la economía viene operando desde la década del 70, cuando se presentó la mayor inflación del medio siglo, con exceso de oferta sobre la demanda, que es un seguro contra la inflación. El resultado se lograba con salarios por debajo de la productividad y represiones monetarias que deterioraron la distribución del ingreso y se tornaron insostenibles. En las nuevas condiciones de salarios por encima de la productividad y normalización monetaria de oferta igual a la demanda surge un estado de demanda mayor que la producción que revive la inflación. Los oficios de bajar el salario para contrarrestar la reducción de la tasa de ahorro se tornaron insostenibles por el deterioro de la distribución del ingreso.

La verdad es que la reducción del ahorro ocasionada por la pandemia y el aumento del déficit en cuenta corriente ocasionaron una seria contracción de oferta; dicho en otros términos, un severo daño estructural que no se puede resolver con medidas coyunturales. De hecho, significa la reducción del crecimiento o el deterioro de la distribución del ingreso. No hay más alternativa que elevar la tasa de ahorro con severas reformas estructurales de alto calado.

En cualquier caso, la información de las cuentas nacionales bien interpretadas confirma que la economía se encuentra en un estado de demanda agregada superior por la oferta agregada. La economía de demanda quedó atrás. La producción menor que la demanda eleva la inflación y la puede tornar inercial. La solución dentro del modelo imperante de equilibrio y mercado es corregirla con represión monetaria y salario por debajo de la productividad.

La inflación no es un simple problema pasajero, como lo predicen los bancos centrales; es un fenómeno estructural originado por el mal desempeño de la economía proveniente de políticas ortodoxas que no corresponden a la realidad. La diferencia entre la oferta y la demanda se mantiene con un cuantioso déficit en cuenta corriente y severa contracción monetaria que presiona el salario por debajo la productividad y deteriora la distribución del ingreso.

Estamos ante una deficiencia de ahorro que amenaza con llevarse el sistema por delante. La diferencia entre la demanda y la producción es la causa de la inflación y no muestra condiciones para reducirse. El proceso adquiere formas de convertirse en inercial. La solución más inmediata es un aumento de la oferta de dinero con relación a la demanda por conducto de los sectores líderes que operan con exceso de demanda, y se puede lograr con una conciliación monetaria que convierta la expansión de la oferta de dinero en ahorro mediante la ampliación del crédito a los sectores líderes de la industria, la agricultura y la construcción.

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