20 Jun 2021 - 3:30 a. m.

Recuperación sin empleo

La cuarentena del coronavirus provocó una reducción del ahorro que quebró el primer postulado de la ciencia macroeconómica. La economía se vio abocada a una reducción de la inversión y la producción que se llevó el sistema por delante. Si bien el efecto del ahorro ha disminuido, de ninguna manera ha desaparecido. La manifestación más clara se observa en el déficit fiscal, que está en el 9 % del PIB, que no es sostenible.

Los buenos oficios del Gobierno para corregir la deficiencia no han corrido con buena fortuna. Se mantiene en el modelo inequitativo en que el ahorro y el crecimiento se consiguen por conducto del deterioro de la distribución del ingreso. Los hechos están demostrando que el deterioro de la economía ocasionado por la pandemia en el déficit fiscal no se puede corregir con los estímulos de mercado.

La reducción del ahorro originada por la cuarentena y por los errores para enfrentarla se busca contrarrestar con una reducción del salario. En efecto, se presentó una reforma tributaria basada en impuestos indirectos y al ingreso que recaen principalmente en los grupos medios y dan lugar a una reducción del salario y la elevación del coeficiente de Gini. Lo más diciente, desató una severa protesta social que obligó al retiro de Carrasquilla y del proyecto de ley. Por su parte, el ministro de Hacienda, Restrepo, anuncia una nueva reforma basada en gravámenes al capital que son fácilmente trasladables al salario y de un alcance tributario muy inferior. El efecto neto no es más del 1 % del PIB.

Ahora, ante el insuceso, la solución se busca con estímulos ocultos a las importaciones. En marzo las compras externas aumentaron 37 % y en los cuatro primeros meses del año el enorme crecimiento de la industria y los servicios con respecto a la caída de 2020 está acompañado de una reducción del empleo. La recuperación de la demanda proviene de la entrada masiva de las importaciones y del incremento del déficit en cuenta corriente que tienen como contraparte el aumento del desempleo. La actividad se impulsa a costa de la contracción de los ingresos laborales por conducto tanto del salario como del empleo.

No se ha aprendido de la experiencia. El Gobierno se mantiene dentro del modelo dominante de los últimos 30 años, en que el ahorro y la eficiencia se consiguen con salarios por debajo de la productividad del trabajo, que es una de las principales causas del retroceso de la distribución del ingreso, más concretamente de la reducción de la participación del trabajo en el producto nacional, y un monumental déficit en cuenta corriente, que tienen como contraparte niveles de desempleo que se salen del orden mundial.

Dentro del modelo económico imperante de equilibrio y mercado el ajuste se consigue con un deterioro de las condiciones laborales que amplía las desigualdades de ingreso y perpetúa las brechas que vienen de atrás. En términos concretos, el país se montó en un déficit fiscal del 9 % del PIB y en el desespero se busca subsanarlo mediante la depresión del salario y un cuantioso déficit en cuenta corriente que dispara el desempleo.

Nada de esto es nuevo. Desde un principio advertimos que la crisis económica es la consecuencia del modelo económico y solo se puede superar con un nuevo modelo que eleve la tasa de ahorro y sostenga el salario al nivel de la productividad del trabajo mediante reformas estructurales que hemos recomendado en forma insistente. Hay que cambiar la estructura del sector externo hacia bienes de mayor complejidad y productividad del trabajo, replantear la concepción monetaria dentro de una visión más general, reducir las transferencias de las rentas públicas al capital y de altos ingresos, y subsanar el atraso del salario con respecto a la productividad.

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