25 Apr 2021 - 3:00 a. m.

Reforma tributaria sin fundamentos

La economía está expuesta a una reducción de la inversión similar a los déficits fiscales de 8 y 9 % de 2020 y 2021. En la exposición de motivos de la reforma tributaria no se explica cómo estos déficits quebraron el balance interno entre ahorro e inversión y el balance intertemporal entre el crecimiento del capital y el crecimiento del producto nacional. La economía está expuesta a una contracción de la inversión y el crecimiento del capital que frenará el progreso nacional durante décadas.

De ninguna manera se puede atribuir el monumental desajuste fiscal a las transferencias a los sectores más vulnerables. Es bien sabido que las transferencias y apoyos a este grupo apenas llegaron a $4 billones en 2020 y se pretende subirlas con el Ingreso Solidario a $7,5 billones, menos del 1 % del producto nacional. Por simple aritmética se advierte que ahí no está la explicación del déficit fiscal de $160 billones en dos años. El descuadre solo se entiende por un aumento del gasto distinto al coronavirus y a la reducción de los recaudos tributarios. En el año 2020 se explica por las cuarentenas del coronavirus y en el 2021 por la caída anterior de la producción y el desbordamiento de los gastos públicos destinados al consumo.

La reforma tributaria se presenta como una política social para mejorar la distribución del ingreso. La tarea se hace dentro de la concepción convencional de que la distribución del ingreso y la economía son separables, que ha sido controvertida por los hechos durante siglos. Las soluciones a la distribución del ingreso se buscan con acciones aisladas. Se espera que la ampliación de los apoyos a los sectores más vulnerables mediante el salario solidario mejore la distribución del ingreso sin afectar la economía. No es cierto. El adefesio se configura en la elevación de los impuestos a la clase media, de salarios cercanos al mínimo, mediante la ampliación de la tributación indirecta y la elevación de las tarifas a la renta que colocan el salario por debajo de la productividad y reducen los ingresos del trabajo en el producto nacional. Como el efecto de la reducción del salario sobre la distribución es mayor que el de la transferencia, el coeficiente de Gini aumenta y la distribución del ingreso se deteriora. Al final, la reforma tiene un efecto sobre la equidad opuesto al previsto y anunciado por el Gobierno.

La verdad es que la reforma tributaria no es para mejorar la distribución del ingreso, sino para corregir y aliviar una severa crisis fiscal ocasionada por el modelo económico que viene de atrás y se manifiesta en déficits fiscales insostenibles de 8 y 9 % del PIB en 2020 y 2021. Pero los recaudos de la reforma tributaria no garantizan el balance interno entre el ahorro y la inversión, ni el balance intertemporal entre el crecimiento del capital y el producto nacional. Lo más grave es que bajan los ingresos del trabajo con respecto al capital y deterioran la distribución del ingreso.

En realidad, la reforma tributaria no va más allá de moderar la insolvencia de caja que resulta del desbalance interno entre el ahorro y la inversión, y trasladarlo a las siguientes administraciones. La economía queda expuesta a serias limitaciones estructurales para sostener las tasas de crecimiento históricas y mejorar la distribución del ingreso. Lo que se plantea es un cambio drástico en el modelo económico de equilibrio y libre mercado imperante que propicia la reducción de los ingresos del trabajo con relación al capital y no contribuye al ahorro. Hay que modificar la estructura del sector externo, reorientar la política monetaria, reducir las transferencias al capital y ampliar las del 40 % más pobre, y sostener el salario por encima de la productividad del trabajo.

Comparte: