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Colombia y Chile se montaron sobre la teoría neoclásica de la separación del crecimiento y la distribución del ingreso, que constituye la típica premisa falsa que conduce a grandes errores. Ni más ni menos, la distribución del ingreso se considera independiente de la organización económica y, en particular, del crecimiento económico.
A la luz del modelo descrito, Chile y Colombia siguieron un modelo en el cual la organización económica la propicia el mercado y la distribución del ingreso la consolida el Gobierno por medio de la política social de transferencias. Se esperaba que el mercado guiado por los estímulos de ganancia alcance la máxima eficiencia y producción y no afecte la distribución del ingreso. Asimismo, se creía que las políticas sociales mejoran la distribución del ingreso y no afectan la producción y el empleo. En este contexto, se predecía que las economías mixtas de libre mercado y empresa y la política social autónoma alcanzan la máxima eficiencia con mejoría en la distribución del ingreso.
El resultado es controvertido por la evidencia empírica del último siglo basada en la información histórica y comparada de los países. Los dos principales objetivos económicos, el crecimiento y la distribución del ingreso, no solo no son separables, sino que están en abierto conflicto. Lo que se gana en un frente, se pierde en el otro. Así, el ahorro, que es el principal determinante del crecimiento del producto nacional y el empleo, está en abierto conflicto con el salario, que es el principal determinante de la distribución del ingreso.
La situación más ilustrativa es la de Chile. El país ha operado dentro de un consenso en el cual los gobiernos de distinta orientación política se comprometen en la continuidad del modelo del Consenso de Washington de libre mercado, que surgió durante la administración Pinochet y se extendió a América Latina, y en particular a Colombia. La distribución del ingreso queda por cuenta de las políticas sociales relegadas a segundo plano. Lo que se gana en equidad con la política social, se pierde con el libre mercado. Se configura el clásico modelo de crecimiento inequitativo. Los avances en crecimiento y modernidad superan los de la equidad.
En Colombia la reforma tributaria presentada por Carrasquilla no evita el cuantioso déficit fiscal que torna inviable la economía. Por lo demás, agrava el desbalance macroeconómico que mantiene el salario por debajo de la productividad y precipita la protesta social.
Como van las cosas, el desempeño de las economías dentro de la globalización inspirada en el modelo de equilibrio de mercado se proyectó como el de mayor eficiencia y equidad. Está visto que en los países de menor desarrollo no constituye el mejor camino para alcanzar altas tasas de crecimiento, y menos, para construir sociedades equitativas. Los países están abocados a bajas tasas de ahorro y descenso del salario real. El modelo económico guiado por el mercado y por las políticas sociales aisladas terminó en crecimientos del producto por debajo de la tendencia histórica y deterioro de la distribución del ingreso.
El libre mercado no está en capacidad de contrarrestar la organización macroeconómica que propicia el ahorro, el crecimiento y el empleo a cambio de la reducción del salario y el deterioro de la distribución del ingreso. La economía evoluciona con una ampliación de las desigualdades que precipita la protesta social. El impase no se puede superar con medidas coyunturales convencionales. La solución es un cambio de modelo que aumente la tasa de ahorro y sostenga el salario por encima de la productividad mediante reformas estructurales al sector externo, la concepción monetaria, las transferencias de las rentas públicas y la política laboral.
