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En la última columna mostré que la economía había entrado en un estado crítico. La política de revaluar el tipo de cambio no tuvo los propósitos buscados. Lo que se tiene es una devaluación que moviliza a los tenedores de TES en dólares a liquidarlos. Luego la salida de dólares genera más devaluación y no tiene cómo terminar.
Los agentes solo están dispuestos a mantener los TES a altas tasas de interés. El sistema solo se puede sostener con alzas indefinidas de las tasas de interés de los TES a cargo del presupuesto nacional. Como esto no es posible, los tenedores de TES en dólares los liquidan y los sacan al exterior. El tipo de cambio se devalúa. El precio del dólar pasó de $4.200 a $4.800 en menos de dos meses. Lo cierto es que la devaluación acentúa cada vez más la salida de capitales. El proceso se puede detener con el cambio de modelo económico que eleve el ahorro mediante reformas en materia monetaria, comercial y sectorial. En términos más concretos, es necesario aumentar la base monetaria y el crédito por encima del producto nacional, y reorientar el régimen cambiario, arancelario y sectorial para sustituir las importaciones de mayor demanda y complejidad por valor agregado nacional.
Antes el sistema se sostenía con salarios por debajo de la productividad del trabajo y ahora se efectúa con tasas de interés superiores a la productividad del capital. La verdad es que se tiene un sistema en desequilibrio. Las deficiencias del mercado dan lugar a tasas de interés por encima de la productividad del capital.
Es claro que el modelo del Gobierno de elevar la tasa de interés para traer capitales por la vía de los TES es destructivo. El dispositivo causa la devaluación que propicia las salidas de capitales y la acentúa. Se configura el clásico estado de devaluación creciente que termina en colapso.
La economía se encuentra en un estado de oferta. La producción es menor que la demanda. El mercado conduce a un estado de desequilibrio. La tasa de ahorro desciende. La diferencia entre la oferta y la demanda agregada se amplía. La producción decae y la inflación se acentúa.
Por todos los conductos se llega al mismo punto. La elevación de la tasa de interés de los TES devalúa la moneda, eleva las expectativas de devaluación, aumenta el déficit fiscal y reduce el ahorro. La salida de dólares contrae la oferta de dinero con respecto a la demanda, aumenta el déficit en cuenta corriente, y en conjunto reducen el ahorro y la producción. La oferta agregada disminuye más que la demanda. Se genera una severa contracción del ahorro que precipita el desplome de la producción.
Estamos ante el típico modelo económico que reduce el ahorro, aumenta en forma creciente la inflación, incrementa el déficit en cuenta corriente, contrae la producción y el empleo, dispara la devaluación y en el mediano plazo se lleva por delante el crecimiento y la distribución del ingreso.
Si a esto se agrega la reforma tributaria en curso, se tendría un modelo económico que reduce el ahorro y propicia la devaluación creciente.
La solución es un modelo basado en las condiciones propias de la economía colombiana que eleve el ahorro mediante severas reformas monetarias y financieras, y comerciales, cambiarias y sectoriales que he sugerido en forma reiterada.
