17 Oct 2021 - 2:00 a. m.

Reformulación macroeconómica

La economía mundial no venía bien. La tasa de ahorro descendió drásticamente en los 30 años de globalización. El estancamiento de ahorro se vio acentuado por las cuarentenas y los protocolos del coronavirus. Los excedentes de ahorro que se habían creado en el siglo XX se los tragó la globalización. Luego de este historial, se adoptó la cuarentena que redujo considerablemente la tasa de ahorro y se aplicaron cuantiosos déficits fiscales. El exceso de ahorro, o si se quiere la economía de demanda, que se había montado durante medio siglo disminuyó y varios países pasaron a operar con faltantes. Se entró en las economías de oferta. El producto nacional tiende a ser inferior al ingreso nacional y la diferencia varía con las características de los países.

La sombra del país está en el déficit fiscal del 10 % del PIB. No hay que buscar el ahogado aguas arriba. La inflación y el desabastecimiento provienen del intento de contrarrestar el estancamiento de la oferta con la ampliación de la demanda. Como se enseña en los primeros cursos de economía, se generó un exceso de demanda de bienes sobre la oferta, en la cual la inflación sube, el salario baja, las importaciones se disparan desplazando la producción y el empleo y ampliando el déficit en cuenta corriente, y la distribución del ingreso se deteriora. Los resultados están a la vista. El excesivo déficit fiscal de la pandemia generó un estado de estanflación, economía de oferta, que no podía ser más inequitativo. Los costos de ajuste recaen en los ingresos del trabajo por conducto del empleo, la baja del salario y el alza de la inflación. Se insiste en el modelo económico de crecimiento con deterioro de la distribución del ingreso predominante en los últimos 30 años, que no es sostenible en las nuevas condiciones mundiales.

El predominio de los organismos internacionales y las firmas calificadoras de riesgo ha llevado en la práctica a soluciones generalistas basadas en la presunción de que todas las economías funcionan dentro de los preceptos de libre mercado y los únicos instrumentos lícitos de control son la política fiscal y la tasa de interés determinada por el endeudamiento externo de los países. El error del método científico proviene, en buena medida, de fórmulas que no contemplan las realidades propias de los países. Los análisis giran en torno a cifras obtenidas de las cuentas nacionales. El grado de maniobra de los gobiernos se reduce a la política fiscal, y el manejo de las crisis está a cargo de instituciones que con cifras y teorías universales pretenden sostener y armonizar las economías. Así, los países de mediano desarrollo terminaron en economías de oferta que dan lugar a ajustes destructivos.

La solución es volver a la economía de demanda por medio de la reducción del déficit fiscal y el alza de la tasa de ahorro proveniente de reformas estructurales en la conformación comercial y sectorial, la concepción monetaria, las transferencias de las rentas sociales y la política de ingresos y empleo, que he presentado en forma insistente. El país quedaría en condiciones de crecer por encima de la tendencia histórica y mejorar rápidamente la distribución del ingreso.

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