26 Sep 2021 - 5:00 a. m.

Salida de la crisis con equidad

La pandemia y los desaciertos para enfrentarla no facilitan el avance hacia una sociedad más equitativa. El ajuste se ha dejado por cuenta del mercado que propicia las soluciones más eficientes a cambio de la equidad. Así, la reducción de la tasa de ahorro ocasionada por la cuarentena y el déficit fiscal configuraron un exceso de demanda sobre la oferta de la economía que quebró el balance interno. La demanda agregada conformada por la inversión más el déficit en cuenta corriente supera la oferta, y más explícitamente, la producción determinada por el empleo y la tasa de ahorro. La diferencia se llena con la entrada masiva de importaciones que desplazan la mano de obra nacional y con salarios por debajo de la productividad.

La reactivación se realiza por la vía de la reducción del empleo con respecto a la producción y la baja del salario con relación a la productividad. En consecuencia, los ingresos laborales descienden con respecto al producto nacional y el coeficiente de GINI sube. El índice de la demanda agregada reportada por el DANE avanza mucho más rápido que el empleo, la pobreza y la distribución del ingreso.

Es claro que la recuperación se consigue a cambio de la equidad. El aumento de la demanda agregada se origina en el déficit fiscal y se contrarresta en parte con la ampliación del déficit en cuenta corriente que tiene como contraparte el desempleo y la baja de los ingresos del trabajo. El próximo gobierno se verá abocado a un cuantioso déficit en cuenta corriente y elevado endeudamiento, y lo más grave, a un severo desempleo que por razones éticas induce a decisiones precipitadas.

La diferencia entre la demanda y la oferta se pretende llenar con el deterioro de la distribución, lo cual no se justifica después de los daños económicos de la pandemia. Por lo demás, la información histórica y comparada muestra que el crecimiento y la equidad están altamente relacionados. Las políticas distributivas que deterioran la balanza de pagos, el ahorro y el crecimiento se tornan insostenibles. Se configura la economía de oferta, en la cual la política fiscal expansiva aumenta el desempleo y deteriora la distribución del ingreso.

El ajuste se ha realizado dentro del modelo de libre mercado que induce y da señales para sustituir la producción nacional por importaciones y reducir el salario. La crisis económica del coronavirus se origina en la reducción del ahorro que viene de atrás amplificada por la cuarentena y los desaciertos para enfrentarla. El intento de contrarrestar la reducción de la tasa de ahorro con cuantiosos déficits fiscales no evitó el desplome de la economía en 2020, ni su extensión al 2021 y 2022. Ahora, la reactivación montada en el desplazamiento de la producción por las importaciones y el salario por debajo de la productividad agrava los daños en la distribución del ingreso.

El país no puede insistir en el modelo actual que busca normalizar la economía con la reducción de los ingresos laborales y el empeoramiento del coeficiente de Gini. La diferencia entre la demanda y la oferta se pretende llenar con el deterioro de la distribución del ingreso, lo cual no tiene presentación, ni es viable, después del retroceso y el descontento social de la pandemia.

Lo que se plantea es salir de la pandemia con una estrategia económica que mejore rápidamente la distribución del ingreso dentro de un modelo de reformas estructurales que garanticen su sostenibilidad, mediante reformas estructurales en materia comercial, monetaria, rentas sociales y laborales que eleven el ahorro y sostengan el salario por encima de la productividad. El primer paso es reducir el déficit fiscal para regresar a la economía de demanda.

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