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En la última columna señalé que la economía se encuentra en un estado de ahorro por debajo de la inversión que no es corregido por el mercado. En la teoría clásica y neoclásica se considera que el ahorro es igual que la inversión. En la realidad se tiene un estado de ahorro menor que la inversión y oferta menor que la demanda. El mercado no garantiza la igualdad, este y en particular la tasa de interés reduce el ahorro. La igualdad no se encuentra por conducto del mercado. Se requiere la intervención del Estado en el mercado cambiario a través de la tasa de cambio fija comprando divisas o de la política monetaria emitiendo para que el Gobierno adquiera las divisas. Es la fórmula de Robert Mundell, que le significó en 1999 el Premio Nobel de Economía.
El Gobierno está en condiciones de intervenir el tipo de cambio para elevar el ahorro y mantener la igualdad con la inversión.
El resultado no se consigue con el modelo de Solow de alta sustitución entre capital y el trabajo. Se requiere un modelo de alta complementariedad entre el capital y el empleo formal, como es el modelo de Harrod-Domar, con elasticidad de sustitución menor que 1. El crecimiento económico está altamente relacionado con la tasa de ahorro, como lo confirman los estudios econométricos, y en especial la experiencia asiática de los últimos 30 años.
Se configura un círculo perverso en que la baja de la tasa de ahorro reduce el crecimiento económico, y la baja del crecimiento económico reduce la tasa de ahorro.
No hay otro camino que la devaluación drástica de la moneda que eleve la tasa de ahorro y la reducción el déficit fiscal y en cuenta corriente, que en conjunto supera el 11 % del PIB, el más alto del mundo, a menos del 5 % del PIB. Lo que se tiene es la revaluación de la moneda de 35 % en términos reales, la reducción de la tasa de ahorro del 40 % con respecto a la tendencia histórica, y la ampliación de la suma del déficit fiscal y en cuenta corriente por encima del 11 % del PIB,
Lo que se requería era la devaluación de la moneda y la baja de la tasa de interés real que elevara la tasa de ahorro con respecto a la tendencia histórica, y la reducción de la suma del déficit fiscal y en cuenta corriente.
Desde el año pasado la tasa de cambio del dólar se ha revaluado aún más llegando a COP 3.600-COP 3.700. El déficit de la balanza comercial en 2025 volvió a los niveles de 2021, alcanzando año corrido a noviembre USD 15.205 millones. La relación con el producto del déficit comercial alcanzó 3,4 %, subiendo con respecto a 2023 (2,3 %) y 2024 (2,8 %).
Lo cierto es que la igualdad económica entre la oferta y la demanda se quebró, como ocurría en el siglo XIX. Las economías quedaban a la deriva. La solución solo se puede lograr con un marco de conciliación que devalúe la moneda, eleve el ahorro y reduzca la suma del déficit fiscal y en cuenta corriente por debajo del 5 % del PIB.
Nada nuevo. En la práctica el milagro lo han conseguido los tigres asiáticos con la elevación del ahorro y la reducción del déficit fiscal y en cuenta corriente.
