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En las últimas columnas reiteré que la economía se encuentra en un estado en desequilibrio, ahorro menor que la inversión, oferta menor que la demanda. Estamos en una economía de oferta, oferta menor que la demanda, que se pretende superar con el instrumental de una economía keynesiana de demanda que reduce el ahorro y aumenta la suma del déficit fiscal y en cuenta corriente por encima de 10% del PIB. Lo que se requería es el modelo asiático que aumenta el ahorro y reduce el déficit fiscal y en cuenta corriente.
Se repitió el error de un siglo. Se tiene una economía de oferta, oferta menor que la demanda, y se pretende superar con un modelo keynesiano de demanda que aumenta el déficit fiscal y reduce el ahorro.
No hay otro camino que bajar la tasa de interés y devaluar la moneda en forma drástica, elevar el ahorro, y reducir el déficit fiscal.
Se tiene una economía con ahorro menor que la inversión, oferta menor que la demanda, que contradice el primer principio de la ciencia económica. La demanda no crea su propia oferta. La oferta no puede sostenerse por debajo de la demanda. El ahorro no puede sostenerse por debajo de la inversión. Se requiere la presencia del Estado, y más, su intervención, para sostener el ahorro.
La solución no proviene de las formulaciones ideales de mercado, sino de la aplicación de acuerdo con la observación de los hechos factuales.
Se tiene una economía en que la moneda se revalúa 40% y la tasa de ahorro se reduce a la mitad con relación la tendencia histórica. Se entra en un estado en que el ahorro y el crecimiento económico descienden y se refuerzan, como se observó con la Pandemia.
La solución es la baja de la tasa de interés y la devaluación drástica de la moneda que eleven el ahorro, y la reducción del déficit fiscal.
Los hechos se han encargado confirmar, como se muestra en varios de mis libros, que las soluciones que bajan el ahorro son ineficientes, insostenibles e inequitativas.
Lo que se tiene es el alza de la tasa de interés que revalúa la moneda, baja tanto el ahorro como la inversión, y conduce al colapso. No hay otro camino que intervenir el mercado en forma drástica para bajar la tasa de interés, devaluar la moneda, elevar el ahorro y reducir el déficit fiscal.
La solución no es el modelo keynesiano de demanda que aumenta el déficit fiscal y reduce el ahorro, sino el modelo de oferta que baja el déficit fiscal y sube el ahorro. Lo peor que podía hacerse es subir la tasa de interés de referencia y de los títulos TES, ya que esto revalúa el tipo de cambio.
Se equivocó el Gobierno por conducto del Banco de la República y el ministerio de Hacienda, que pretendió sostener un sistema en desequilibrio de ahorro menor que la inversión elevando la tasa de interés, revaluando la moneda, aumentando el déficit fiscal y bajando el ahorro y el crecimiento económico, cuando se requería bajar la tasa de interés, devaluar la moneda, y elevar el ahorro y el crecimiento económico.
La oferta agregada determinada por el ahorro y el empleo formal es menor que la demanda agregada reportada por el DANE que es calculada por el lado de la demanda. Se quebró la igualdad entre la oferta y la demanda agregada. La oferta quedó por debajo de la demanda, el ahorro quedó por debajo de la inversión, lo que no es sostenible. La demanda no crea su propia oferta.
La solución es el modelo de oferta que baja la tasa de interés, devalúa la moneda en forma drástica y eleva el ahorro, y reduce el déficit fiscal.
