En las últimas columna señalé que la economía estaba abocada a un deterioro de la tasa de ahorro que acentuaría el estado de exceso de demanda sobre la oferta. La deficiencia no se podía superar sin un aumento del ahorro proveniente de las reformas estructurales de la economía. De hecho, había que aumentar la oferta con respecto a la demanda y reducir el déficit en cuenta corriente.
En el desespero el ahorro se buscó con un alza de la tasa de interés que induce la entrada de capitales, reduce el déficit en cuenta corriente, contrae la demanda de divisas y revalúa la tasa de cambio. No ocurrió así. Los agentes económicos con activos convertibles en dólares procedieron en la dirección contraria. El tipo de cambio se devaluó.
La mejor opción es elevar el tipo de cambio para reducir el déficit en cuenta corriente y posteriormente revaluarlo gradualmente para que no salgan los capitales.
Hay que fijar el precio del dólar y anunciar que en el futuro se ofrecerá a niveles decrecientes. Los portadores de TES experimentarán una pérdida que solo se podrá recuperar si mantienen los títulos. Lo que se plantea es que las autoridades económicas salgan a señalar el precio del dólar y lo sostengan con la venta de las reservas internacionales a precios decrecientes.
Una vez fijado el precio del dólar, las autoridades gubernamentales están en capacidad de actuar sobre el nivel y las variaciones de la tasa de cambio. Están en condiciones de fijar el precio de la divisa para reducir el déficit de la balanza de pagos y la variación para evitar la salida de capitales.
El marco global es grave. Las tasas de interés, la inflación y la tasa de cambio en conjunto son el reflejo de un pésimo desempeño de la economía. De hecho, deterioran el crecimiento y la distribución del ingreso. Los sectores de altos ingresos obtienen rentabilidades del capital que superan ampliamente los recaudos provenientes de las mayores tarifas de la reforma tributaria.
Desde un principio señalé que las reformas tributarias mejoran la distribución del ingreso y reducen la tasa de ahorro, lo que debe ser contrarrestado con medidas complementarias, como la reducción del exceso de demanda de dinero y la reducción del déficit en cuenta corriente. Sin embargo, se ha hecho lo contrario. El déficit fiscal y el déficit en cuenta corriente se amplían.
La reducción del ahorro que viene de atrás por razones internas y externas amplió el déficit en cuenta corriente y el exceso de demanda sobre la oferta de dinero. Las condiciones económicas se agravaron y se llevaron por delante el ahorro, el crecimiento económico y la equidad.
Lo economía opera en un estado de desequilibrio, de oferta. La producción por debajo de la demanda se agrava por el modelo de alza de la tasa de interés que precipita la salida de recursos al exterior y amplía el déficit fiscal por la erogación de los TES sobre el presupuesto nacional. El dispositivo reduce el ahorro por la vía de las salidas de capitales y el déficit fiscal. En consecuencia, acentúa el desequilibrio que dispara la inflación, el tipo de cambio y las tasas de interés. La solución es el modelo que eleva la tasa de ahorro mediante severas reformas monetarias y comerciales.