3 Oct 2021 - 5:01 a. m.

Vuelve la inflación

Las decisiones equivocadas de los bancos centrales están llevando a replicar la crisis inflacionaria de la década de 1970. En ese entonces la economía mundial operó dentro de un marco de economía de oferta ocasionada por el bajo ahorro y la política fiscal y monetaria altamente expansiva. La elevación de la inflación se originaba en la ampliación de la demanda con respecto a la producción. Sin embargo, el fenómeno no fue bien entendido. En el conjunto de la economía se presentaban ajustes que subían los precios, elevaban el salario, reducían el déficit en cuenta corriente y elevaban la tasa de cambio.

Los hechos confirmaron que las economías no operan dentro de las concepciones clásicas de que el ahorro y la inversión se igualan por conducto de la tasa de interés. Debido a la baja respuesta del ahorro a la tasa de interés, se generan sobrantes y faltantes de ahorro que alteran notablemente el funcionamiento de las economías. En las épocas de ahorro sobrante operan con demanda por debajo de la producción y en las épocas de ahorro faltante lo hacen con demanda por encima de la oferta. En las primeras predomina el desempleo y en las segundas la inflación.

La normalización del sistema mundial se logró con políticas fiscales y monetarias altamente contractivas, que dispararon las tasas de interés, elevaron el ahorro y redujeron el déficit fiscal. La economía mundial retornó a la economía de demanda delineada por Keynes. Las alzas de precios descendieron y se estabilizaron en los promedios históricos.

Colombia no fue la excepción. En 1977 registró la inflación más alta del siglo y adoptó un programa de moderación de la demanda y de expansión de la producción, en particular en la agricultura, que retornó la inflación a la tendencia histórica. La crisis se enfrentó con una política monetaria selectiva que moderó la expansión de la demanda y estimuló la producción, en particular la de bienes agrícolas. Al igual que la economía mundial, Colombia retornó a la economía de demanda, en donde la producción es mayor que la demanda.

Las condiciones descritas cambiaron progresivamente en los últimos diez años. La baja de la tasa de ahorro, el coronavirus y las políticas fiscales para enfrentarlo revivieron las economías de oferta que operan con ahorro faltante. La demanda pasó a superar la oferta. En los sectores que operan con exceso de oferta, como la agricultura y el petróleo, la diferencia se acortó.

La fisonomía de la economía cambió radicalmente. Las fuertes tendencias inflacionarias solo se pueden remediar con la reducción del déficit fiscal y la elevación de la tasa de ahorro. En el modelo imperante de libre mercado el ajuste provendría de un alza en la tasa de interés y una baja de salarios que reducen los ingresos laborales, deterioran la distribución del ingreso y agravan el malestar y la protesta social.

La solución es el modelo de cambios estructurales que he venido sugiriendo desde la iniciación de la pandemia. El primer paso es abandonar la independencia del Banco de la República para avanzar en una mayor coordinación con la política fiscal. La práctica actual de que la política fiscal es acordada con el Congreso y la política monetaria es guiada por el modelo de libre mercado no es sostenible. Es imprescindible avanzar en la coordinación que permita reducir el déficit fiscal y ampliar su financiación con TES adquiridos por el Banco de la República. Si a esto se agregan las reformas estructurales pendientes en materia comercial y sectorial, transferencias de las rentas sociales y política laboral, las presiones inflacionarias se podrían revertir dentro de un contexto de recuperación de la actividad y mejoría de la distribución del ingreso.

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