El BID, un comodín del presidente Trump

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El presidente Trump, en vísperas de un proceso electoral impactado por la pandemia del COVID-19 y protestas sucesivas en Estados Unidos, elige a Mauricio Claver-Carone, estadounidense de ascendencia cubana, como presidente del BID, con la connivencia de sus aliados más cercanos -próximos de la Casa Blanca, pero distantes de sus realidades nacionales-.

Una vez más el mandatario norteamericano sorprendió. Indicó como candidato a su exasesor Mauricio Claver, rompiendo con una tradición de 60 años. Se sabe que al mandatario norteamericano no le importa en lo más mínimo la diplomacia, ni el multilateralismo y tampoco la tradición histórica. Que él pretendiera cambiar el rol de América Latina en el BID va y viene, pero que encontrara apoyo en tantos países latinoamericanos, afines a su ideología ultraconservadora, es realmente preocupante.

El BID fue creado en 1959, cuando la Organización de los Estados Americanos elaboró el convenio constitutivo. La iniciativa fue propuesta por el presidente brasileño Juscelino Kubitscheck. En sus 60 años de existencia el BID tuvo cuatro presidentes latinoamericanos: el chileno Felipe Herrera (1960-1970), el mexicano Antonio Ortiz Mena (1970-1988), el uruguayo Enrique Iglesias (1988-2005) y el colombiano Luis Alberto Moreno.

En contravía de los consensos regionales, Argentina, México, Chile y Costa Rica vislumbraron con más claridad los efectos de esa decisión para la región a largo plazo. Intentaron postergar la votación, pero fueron voces solitarias ante el sometimiento regional. Claver-Carone logró el apoyo de 23 países de la región. Necesitaba solamente 15.

Hay que leer las entrelíneas. Desde que llegó a la Casa Blanca, el presidente Trump demostró su deseo de poner orden en la relación de Estados Unidos con la región: el retroceso en el proceso de distensión con Cuba, le renegociación del Tratado de Libre Comercio con México y Canadá, el tema inmigratorio y la posible intervención militar en Venezuela, respaldada por sus aliados más obsecuentes. Una pauta de mano dura, que nos remitía a otros ciclos históricos. Pero, ¿qué pasa con el BID? ¿Sería un mensaje a China, dado que ha incrementado su presencia en América Latina? ¿Una carta para garantizar los recursos naturales regionales? ¿O una estrategia para fracturar aún más la región?

Mauricio Claver-Carone ha sido elegido presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para un período de cinco años. Estará delante de una entidad que cumplirá un papel fundamental en la recuperación de América Latina en la pospandemia. Su elección provoca una seria de desconfianzas tanto en América Latina como en Europa debido a su perfil conservador y su oposición declarada a Cuba y a Venezuela. El jefe de la diplomacia europea, Josep Borrel, advirtió a los miembros europeos del banco que Claver-Carone “rompería con la armonía en América Latina”. Sin embargo, tanto la Casa Blanca como sus aliados restaron importancia a todo eso.

Con esta jugada, el presidente Trump transformó el BID, un banco creado para fomentar el desarrollo regional, en un instrumento geopolítico a la medida de sus intereses electorales y estratégicos.

Preocupante cómo en plena pandemia, en un mundo confinado durante meses, el autoritarismo y la ideología ultraconservadora hayan logrado posicionarse más firmemente. Al contrario, se esperaba que, en medio del dolor provocado por el COVID-19 y su impacto económico, un mundo más humanizado emergiera y que no volviéramos a la controvertida normalidad de antes. Por lo visto, estamos ante una América Latina sin liderazgo, impactada por la pandemia como tantas otras regiones del mundo y en el auge de un descontento social.

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