El pico no se alcanza y el déficit fiscal se desborda

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Luego del fracaso del modelo económico, la aparición del coronavirus y las sorpresas de la cuarentena, se dificulta el diagnóstico y el manejo de la economía. Las predicciones oficiales fallan persistentemente. La salubridad está basada en el distanciamiento de la población. El endeudamiento externo se convirtió en el motor de la economía.

La primera emergencia económica se justificó para aplanar la curva y reducir el grado de contaminación. Luego, las medidas adoptadas en virtud de las facultades constitucionales, como la cuarentena y los protocolos, tuvieron un efecto opuesto al previsto. Los contagios pasaron de 200 a 2.000. El pico de la curva se distanció y se tornó indefinido e incierto. Se modifico la curva epidemiológica, que se había observado para los virus dominantes en el siglo XX: la enfermedad sube, alcanza el pico y luego desaparece. Lo mismo se observa al comparar su evolución con países que alcanzaron las mayores cifras de contaminación, como Italia y España. Mientras en estos países el período entre la aparición de los nuevos casos y el pico tiene una duración de un mes, en Colombia ya han transcurrido tres meses y medio desde la aparición de los contagios y ya se sabe que el pico no se alcanzará en julio.

Simplemente, la relación matemática que rige el virus se manejó en forma equivocada. Se configuró un proceso inestable en que el grado y el crecimiento evolucionan en la misma dirección. En aras de aplanar la curva, se aumentaron los contagios y decesos.

Las secuelas de la cuarentena sobre la economía no fueron cuantificadas y proyectadas en la exposición de motivos de la primera emergencia económica. No se contempló ninguna previsión para moderarla ni contrarrestarla. Las medidas provocaron caídas del empleo y la producción, que resultaron traumáticas por la trayectoria que venía de atrás. Se amplió la brecha entre el consumo y la producción que se propició con la apertura económica y se agravó en los últimos cinco años por el estancamiento de la actividad y la caída del empleo.

La deficiencia estructural se pretende corregir con la suspensión de la regla fiscal y la elevación déficit al 8 % del PIB y el déficit de la balanza de pagos del mismo orden financiados con endeudamiento externo y emisión. Las acciones oficiales son un esfuerzo desesperado para mantener el consumo y el gasto. No se hace mayor esfuerzo para contener el deterioro de la producción y el empleo, que tienden a extender la crisis al futuro. Las medidas le dan vía libre al Gobierno para aumentar el endeudamiento e impedir la caída del gasto; sin embargo, no tienen ningún impacto sobre la producción y el empleo.

La economía queda seriamente averiada; expuesta a una monumental brecha entre el gasto y la producción, y entre la oferta y la demanda de empleo, que se mantienen con endeudamiento. La deficiencia estructural se extiende al largo plazo. La caída del 10 % de la producción y del 15 % del empleo estimados para el presente año se trasladarán al futuro en la forma de tasas de crecimiento de cero o negativas.

Se confirma que el monumental impacto del confinamiento sobre el ahorro no puede ser contrarrestado por el endeudamiento. Tarde o temprano los cuantiosos déficits y el desempleo se llevarán por delante la economía. Se comprobará por enésima vez que los elevados déficits gemelos no son sostenibles.

En fin, las cuarentenas y las medidas de salubridad no lograron controlar el virus y la economía registra serios quebrantos. No es posible superar estas condiciones con proyecciones que siempre se equivocan o con endeudamientos que ocultan las deficiencias estructurales. La solución de fondo solo se podrá conseguir con rectificaciones de la estrategia de la salud y amplias modificaciones del modelo económico.

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