Juan Carlos Echeverry, exministro de Hacienda, acuñó el término “mermelada” al proponer que las regalías se repartieran en todo el país y no solamente en los departamentos y municipios productores de minerales e hidrocarburos. Sin embargo, la idea de “repartir la mermelada sobre toda la tostada” poco a poco se fue convirtiendo en la forma de referirse a formas de corrupción: desde la entrega de contratos y cargos burocráticos a los amigos, aliados políticos o familiares de estos, hasta partidas presupuestales destinadas a alimentar maquinarias electorales.
Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO
¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar
Además, combatir la “mermelada” ha sido una de las promesas más populares de candidatos a todos los cargos de elección popular para presentarse como enemigos de la corrupción y diferenciarse de sus contradictores. El presidente Iván Duque no fue la excepción. Durante sus correrías a lo largo y ancho del país prometió “cero mermelada” durante su gobierno. Y una vez electo, tanto él como varios de sus ministros reiteradamente han intentado convencer a los ciudadanos de que esta promesa se ha cumplido, pero la realidad es otra.
Veamos algunos ejemplos. Son numerosos los cargos diplomáticos en consulados, embajadas y organismos internacionales en los que han sido nombrados primos, hermanos, cónyuges, padres, exministros, exfuncionarios, congresistas, exmagistrados del Consejo Nacional Electoral y amigos de políticos afines al Gobierno, en particular del Centro Democrático. El problema no es solamente el “amiguismo”, sino que en muchos casos estas son personas sin experiencia en el ejercicio diplomático e incluso que ni siquiera hablan el idioma del país para el cual han sido asignados. Y, lo que es peor, no son elegidos por reunir los requisitos exigidos.
Algo similar ha sucedido con la conformación de las ternas para ocupar cargos en órganos de control y en la Fiscalía General de la Nación. Estas son entidades que por sus funciones deben desempeñarse con total independencia del Gobierno. Sin embargo, los elegidos —generalmente por congresistas que han sido favorecidos por la “mermelada”— son personas muy cercanas al presidente o a su partido.
El último nombramiento que ha suscitado fuertes críticas por parte de diversos sectores, incluyendo a periodistas caracterizados por su cercanía con el Gobierno, es el de dos nuevos miembros de la junta del Banco de la República. En particular, el de Bibiana Taboada, hija de Alicia Arango, exministra de Trabajo y del Interior y actual embajadora. Si bien se le reconoce su experiencia académica internacional en asuntos relacionados con pobreza multidimensional, esto no tiene nada que ver con los temas de los que se ocupa el Banco, que además se ha caracterizado por su independencia y lejanía de los avatares de la política tradicional.
Muchos dirán que esto siempre ha sucedido, que nadie nombra o postula a sus enemigos para los altos cargos o que no es ilegal. Esto puede ser cierto, pero todo tiene sus límites y este Gobierno se ha sobrepasado. Hemos pasado de repartir “mermelada” a repartir “melcocha”. Y eso que falta el eventual nombramiento de Tomás Uribe, hijo del expresidente Uribe, como vicepresidente en caso de concretarse la renuncia de la vicepresidenta, Marta Lucía Ramírez.