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El cambio de estilo importa

TODOS LOS CAMBIOS DE GOBIERNO traen consigo nuevas prioridades, nuevas políticas, nuevas formas de gobernar.

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Pero también implican cambios de estilo en la manera de comunicarse y de relacionarse con los otros funcionarios del Estado y con los demás actores y sectores políticos, sociales y económicos, tanto nacional como internacionalmente. Cuando el presidente Juan Manuel Santos ganó las elecciones, muchos se preguntaron qué tanta continuidad habría entre su gobierno y el de su antecesor, Álvaro Uribe Vélez. En estos seis primeros meses, los colombianos han podido constatar que ha habido cambios significativos, no solo en las prelaciones y en las políticas, sino también en el estilo de gobernar.

El cambio de estilo no es solamente un asunto de formas, aunque éstas no son triviales y con frecuencia inciden en los resultados. Es una manera de concebir el poder y de ejercerlo. Es precisamente el estilo de gobernar del presidente Santos lo que quizás ha marcado las principales diferencias con su antecesor. A manera de ejemplo, éste se caracterizó por tener, o pretender tener, el control directo sobre todos los asuntos, desde los más trascendentales hasta los menos relevantes, y por favorecer una estructura muy vertical y rígida de decisiones. Entre tanto, el actual mandatario parece privilegiar un esquema más horizontal y colectivo, más dialogante, donde cada uno de los miembros de su equipo de colaboradores —consejeros y ministros por ejemplo— aparece como el vocero y directo responsable de las decisiones de su respectiva área, pero a partir de un proceso de discusión y debate, donde el presidente toma las decisiones de fondo y asume el mando y la vocería cuando las circunstancias lo ameritan.

Estas diferencias no constituyen por sí solas condiciones determinantes del éxito o fracaso de un gobierno, ni de su popularidad. Por ejemplo, no obstante las evidentes disparidades en sus estilos de gobierno, Uribe y Santos han alcanzado niveles de aceptación sin precedentes en el país. Pero sí inciden en el modelo de gestión, y éste, por supuesto, afecta el alcance, la perdurabilidad, el impacto y la legitimidad de las decisiones y políticas adoptadas. Así como la confianza de los ciudadanos en sus gobernantes, y lo que es más importante, en sus instituciones.

Esto es precisamente lo que ha sucedido con el presidente Juan Manuel Santos. Si bien detrás de las decisiones y posturas que ha adoptado frente a diferentes asuntos públicos, tanto internos como internacionales, muy seguramente hay convicciones políticas e ideológicas y visiones de lo que debe ser la gestión pública, también ha incidido su estilo de gobernar. Y es la confluencia entre estos factores lo que ha permitido reconstituir las deterioradas relaciones entre el Ejecutivo y las Cortes, la concertación con partidos políticos de diversas corrientes para avanzar en la agenda gubernamental, la recuperación de canales de diálogo y trabajo conjunto con organizaciones de la sociedad civil, o el restablecimiento de las relaciones con los países vecinos. Como ya se señaló, esto no garantiza el éxito del gobierno, pero es un buen comienzo.

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