El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Las sillas vacías

Elisabeth Ungar Bleier

26 de abril de 2018 - 01:40 a. m.

Es lamentable que, con excepción de Gustavo Petro, los candidatos presidenciales no hubieran asistido el pasado martes al debate que convocó NiñezYA*. Perdieron una oportunidad muy valiosa de escuchar a niños, niñas y adolescentes de toda Colombia y de conocer sus expectativas, su visión sobre el país y los problemas que los afectan.

PUBLICIDAD

No es del caso tratar de dilucidar las razones que tuvieron los aspirantes para no hacerlo. Despreciaron la oportunidad de escuchar a un grupo de los 15,5 millones de colombianos menores de 18 años, sobre lo que piensan y sueñan sobre su presente y su futuro. Son ciudadanas y ciudadanos sujetos de derechos políticos, sociales y económicos. Aún no votan, y quizá por eso los candidatos no atendieron el llamado a participar en el debate. Pero tienen el derecho de conocer qué proponen quienes aspiran a gobernarlos en los próximos años y que de primera mano oigan cuáles son sus necesidades; de participar e incidir en la construcción de lo público; de tener condiciones de vida sanas, seguras y dignas; de no ser discriminados por sus condiciones y creencias; de ser reconocidos en su diversidad. Es decir, de ejercer una ciudadanía plena, activa, informada y crítica.

NiñezYA preparó para el debate un documento que entregó a las campañas presidenciales para que la administración 2018-2022 incluya en el Plan Nacional de Desarrollo “los asuntos que no dan espera para garantizar los derechos de niñas, niños y adolescentes (…) y consolidar una nación equitativa y sostenible”. Es imposible no sorprenderse y sentir vergüenza con algunas de las cifras que se presentan. Por ejemplo, la tasa de mortalidad en niños de cero a cinco años ha aumentado; más de la mitad de los hogares colombianos se encuentran en inseguridad alimentaria; la tasa de permanencia escolar en zonas rurales es de 48 %; el 86 % de los exámenes médicos legales por presunto delito sexual se practican en niños; la tasa de violencia sexual contra la niñez ha aumentado, pasando de 4,7 en 2012 a 21,4 (por cada 100.000 habitantes) en 2016 (con un subregistro estimado de 30 %); el 68 % de las familias de zonas rurales con tres o más niños son pobres; que de los 8’270.812 víctimas del conflicto armado 2,4 millones, o 29 %, son menores de 18 años. Y como estas hay muchas más cifras que demuestran que los derechos de la niñez aún son una deuda pendiente e inaplazable.

Read more!

Enfrentar estos y muchos otros problemas que hoy sufren millones de niños, niñas y adolescentes colombianos es uno de los mayores desafíos del próximo gobierno. Lograr su inclusión social, económica y política para que puedan vivir dignamente y en paz, para que sean reconocidos y valorados, son propósitos éticamente irrenunciables. Y nuestro deber es vigilar que así sea. De lo contrario, no podemos sorprendernos porque los jóvenes no confían en el Estado, no votan y no creen en la democracia.

* NiñezYA es “una iniciativa de 100 organizaciones de la sociedad civil, que se unieron para incidir en el debate electoral (…) y lograr que en el próximo Plan Nacional de 2018-2022 incluya los asuntos que no dan espera para garantizar los derechos de niñas, niños y adolescentes”.

Conoce más
Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.