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Promesas incumplidas

Elisabeth Ungar Bleier

30 de abril de 2026 - 12:05 a. m.
“Como ha sucedido en otros países de la región, la izquierda ha cavado su propio desprestigio”: Elisabeth Ungar Bleier.
Foto: El Espectador - Óscar Pérez
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Uno de los criterios para votar por un candidato es confiar que cumpla con las promesas de campaña y estar de acuerdo con sus propuestas de gobierno. Sería iluso pensar que todas se van a materializar. En alguna ocasión escribí en una de mis columnas que no voté por Gustavo Petro, pero como persona de centro izquierda sí entendí que era necesario enfrentar problemas críticos como las profundas desigualdades económicas y sociales del país, la corrupción, el narcotráfico, proteger los derechos humanos, entre otros temas. Como desde Congreso Visible le hacíamos seguimiento como a todos los congresistas, lo vi promoviendo debates sobre estos temas, denunciando algunos de los más graves hechos de corrupción y violaciones a los derechos humanos y defendiendo la separación de poderes. Además, como aspirante a la Presidencia, afirmó que no convocaría una Asamblea Nacional Constituyente.

Por ser un líder de izquierda, supuse que estos asuntos serían algunos de los ejes centrales de su agenda como presidente. No obstante, durante su Gobierno, varios de sus compromisos con sus electores no se han cumplido, en muchos casos porque sus funcionarios han abusado de su poder, pero en otros por la omisión o actuaciones del jefe de Estado. Para mencionar solo unos ejemplos, son frecuentes los ataques y la estigmatización a la prensa y a otros medios de comunicación por sus críticas al Gobierno y denuncias sobre irregularidades en diferentes entidades gubernamentales. Otros ejemplos son la negativa a acatar decisiones de entidades como las Cortes y los órganos de control porque no está de acuerdo, o pretender desconocer la independencia de algunas entidades como el Banco de la República. La politización extrema de varias instituciones, como por ejemplo el Departamento Nacional de Planeación, privilegiando en ciertos cargos a activista sobre personas conocedoras de los temas que les corresponden manejar, ha ensombrecido su importancia. No sobra recordar que uno de sus directores, en un debate en el Congreso, dijo que las matemáticas nunca se le habían dado bien. Todo esto va acompañado de descalificaciones a los que llama tecnócratas, y de un desprecio a los datos cuando estos no le favorecen.

En cuanto a la promesa electoral de combatir la corrupción, basta con mirar los graves y numerosos hechos que han sucedido durante su Gobierno. Y estos los han cometido miembros de su Gobierno o por personas nombrada o postuladas por él, y son contadas las ocasiones en las que el presidente se ha manifestado al respecto. Mientras tanto, arrecia el “fuego amigo”, lo cual genera inestabilidad en cargos de importancia para la toma de decisiones importantes para garantizar una ejecución efectiva y oportuna de acciones necesarias para solucionar problemas.

El tema de la Asamblea Nacional Constituyente también cae en la lista de incumplimientos; “Que sí, que no, que quién sabe”, aplica a este tema. Pero finalmente se destaparon las cartas: ya es evidente que hay en marcha una campaña de recolección de firmas.

Como ha sucedido en otros países de la región, la izquierda ha cavado su propio desprestigio. Desafortunadamente Colombia no ha sido ajena esto, no por el hecho de tener un presidente que se dice de izquierda. Las democracias sólidas se enriquecen si hay diversidad de visiones, se acaten la constitución y las leyes, y se respeten las diferencias y los derechos de todos.

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