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Reimaginar la izquierda

Elisabeth Ungar Bleier

15 de diciembre de 2022 - 12:00 a. m.

Mientras que algunos países de Latinoamérica como Venezuela, Nicaragua, El Salvador y Cuba enfrentan regímenes autoritarios, Perú acaba de vivir un penoso autogolpe que terminó en la destitución del quinto presidente en un lustro. El mandatario de México pretende desmantelar el sistema electoral, que ha sido un ejemplo para la región por su eficacia, eficiencia y transparencia. Chile y Colombia han vivido procesos de transición democrática, con virajes de gobiernos de centroderecha a gobiernos de centroizquierda. Tanto Gabriel Boric como Gustavo Petro fueron elegidos con cifras de votación históricas, con propuestas de cambios sociales y políticos, recogiendo las voces de sectores que venían exigiendo transformaciones estructurales de fondo. Que estos cambios hayan sido posibles se explica, en parte, por el respeto a la institucionalidad, que tienen en común con otros países como Costa Rica y Uruguay. Sin embargo, todos los países comparten y enfrentan grandes retos resultantes del descontento de la ciudadanía con la democracia y su incapacidad de responder a los crecientes índices de pobreza y desigualdad, que los ubican entre los peores del mundo en estos rubros. A esto se suman preocupantes niveles de polarización, la posverdad, la desinformación, la fragmentación de los partidos políticos, inseguridad y corrupción.

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Esta puede ser una oportunidad de los presidentes Petro y Boric para reimaginar la izquierda y construir nuevas narrativas en el marco de las reglas de juego de la democracia, que les permitan encontrar soluciones a los problemas más críticos, que acojan y respeten las diversidades y la oposición política. Unas narrativas más incluyentes, conducentes a disminuir las brechas de género, sociales, políticas, económicas y raciales, a respetar la propiedad privada y que recuperen el cuidado y la protección de lo público, incluyendo el medio ambiente, como un bien colectivo. Como dijo el presidente de Chile en una reciente entrevista a la revista The New Yorker, la dicotomía ya no es entre derecha e izquierda, sino entre sistemas democráticos que respetan el Estado de derecho y la separación de poderes y protegen los derechos humanos, y regímenes autoritarios.

El presidente Petro, por su parte, ha hecho llamados a la comunidad internacional en el sentido de que es necesario buscar soluciones conjuntas para problemas que trascienden fronteras, como el cambio climático y la lucha contra las drogas. Esto también debe hacer parte de las narrativas que trascienden las dicotomías entre derecha e izquierda.

La pregunta que queda es si ellos están listos y tienen la voluntad política para reimaginar la izquierda y construir las nuevas narrativas. Sin embargo, las responsabilidades no pueden recaer únicamente en los presidentes. Este debe ser un trabajo mancomunado entre todas las instancias del Estado, tanto del ámbito nacional como regional y local, el sector privado, las organizaciones de la sociedad civil y la ciudadanía.

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