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En tres días los colombianos elegiremos a quienes nos van a representar durante los próximos cuatro años en el Congreso de la República, a los candidatos de tres coaliciones que participarán en las elecciones presidenciales de mayo y a quienes van a ocupar las curules en 16 Circunscripciones Especiales de Paz.
Esta ha sido una campaña larga e intensa, caracterizada por duros enfrentamientos, cuestionamientos por candidatos que fueron incluidos en las listas, peleas, divisiones, lucha de egos y, en muchos casos, pobreza de las propuestas programáticas. Además por alianzas entre sectores que antes se consideraban irreconciliables, todo ello marcado por el afán de muchos de obtener votos sin importar de dónde vienen los aspirantes ni quién los apoya.
Todo esto viene sucediendo en medio de amenazas y violencia contra candidatos y de graves denuncias de corrupción política sustentadas por informes de medios de comunicación y organizaciones de la sociedad civil. Entre tanto, las autoridades judiciales, los órganos de control, la Registraduría y el Consejo Nacional Electoral callan y los acompaña el silencio de los mal llamados comités de ética, de los directivos de los partidos y el de los copartidarios de muchos de los presuntos implicados. A pesar de haber pruebas irrefutables, apelan a la presunción de inocencia o que no existen los delitos de sangre, esperando quizá que todo quede en el olvido, o sea uno más de tantos casos que permanecen impunes. Mientras tanto, corren ríos de dinero y seguramente quienes en ellos navegan saldrán elegidos y sus financiadores se beneficiarán de multimillonarios contratos.
Muchos pensarán que nada de esto es nuevo, que viene sucediendo de tiempo atrás. Y tienen razón. Sin embargo, es precisamente por eso que debemos informarnos de quiénes son los candidatos y salir a votar masivamente, para lograr los cambios que millones de colombianos anhelan. Hay muchos candidatos y candidatas —algunos repitentes y otros que incursionan por primera vez en este camino— que pueden demostrar que la política sí se puede hacer de otra manera. Que desde el Congreso sí se pueden lograr las transformaciones que el país, en su inmensa diversidad y complejidad, requiere y que no dan espera. Que el Congreso, aun con imperfecciones, es uno de los ejes del trípode que sustenta la división y el equilibrio de poderes en la democracia y que por eso es necesario fortalecerlo y devolverles a los ciudadanos la confianza en la institución y en quiénes en él nos representan.
Necesitaría otra columna para mencionar a tantos candidatos y candidatas que desde diferentes vertientes políticas e ideológicas, algunas que no comparto pero respeto, seguramente pueden contribuir a hacer realidad este anhelo. Lo importante es informarse y salir a votar. No suelo utilizar este espacio para hacer público mi voto, pero en esta ocasión no puedo evitarlo porque creo firmemente que Humberto de la Calle, quien encabeza la lista para el Senado de la Coalición Centro Esperanza, es la persona que desde el Congreso puede liderar esa transformación y devolverle la dignidad a la institución. Sus calidades humanas, su trayectoria profesional y política y su talante profundamente democrático son garantía que ese cambio, que no da espera, si es posible.
