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Frases como estas, pronunciadas por el presidente Gustavo Petro el día de su posesión, nos dieron a muchos colombianos, incluso a quienes no votamos por él, la esperanza de alcanzar los cambios que él propuso durante la campaña: “No se gobierna a distancia, alejado del pueblo y desconectado de sus realidades. Todo lo contrario: se gobierna escuchando (…) Ya es hora de dejar atrás los bloques, los grupos y las diferencias ideológicas para trabajar juntos. Entendamos de una vez y para siempre que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa (…) Dialogaré con todos y todas, sin excepciones ni exclusiones (…) Este será un gobierno de puertas abiertas para todo aquel que quiera dialogar sobre los problemas de Colombia. Se llame como se llame, venga de donde venga. Lo importante no es de dónde venimos, sino a dónde vamos. Nos une la voluntad de futuro, no el peso del pasado (…) Vamos a construir un gran acuerdo nacional para fijar la hoja de ruta de la Colombia de los próximos años. El diálogo será mi método; los acuerdos, mi objetivo (…) Sin excepciones escucharé a los colombianas y colombianos como lo he venido haciendo (…) Tenemos que decirle basta a la división que nos enfrenta como pueblo. Yo no quiero dos países, como no quiero dos sociedades. Quiero una Colombia fuerte, justa y unida…”.
Estas frases contrastan con varias aseveraciones públicas en las que el presidente ha descalificado a los medios de comunicación y a periodistas que critican sus decisiones y actuaciones o que denuncian hechos de corrupción a congresistas que no apoyan a ciegas los proyectos del Gobierno; a empresarios a quienes, de manera generalizada y sin pruebas, acusa de corruptos y cerrados a cualquier cambio, a encuestadoras que califica de mentirosas. Incluso a ministros del despacho que se han atrevido a expresar sus opiniones, no siempre coincidentes con las del jefe de Estado. Por eso no sorprende que en su intervención durante la marcha convocada hace apenas unos días por los sindicatos, conminó a sus ministros a obedecer al mandato popular. “El que no haga caso se va”, sentenció.
Se equivoca el presidente cuando descalifica y estigmatiza a quienes lo critican con argumentos, que, si bien no tiene que compartir, merecen ser escuchados. Incluso a personas que han sido defensoras de derechos humanos, periodistas, comunicadores, profesionales destacados, empresarios, encuestadores, ciudadanos convencidos, como él, de que Colombia necesita cambios de fondo, combatir la corrupción, derrotar la impunidad, propiciar la equidad y la igualdad, pero conscientes de que esto no se puede lograr a costa del Estado de derecho. Se equivoca cuando quienes no son sus amigos son considerados enemigos.
Presidente Gustavo Petro, no deje que la esperanza se desvanezca. Como dijo cuando se posesionó, abra las puertas, permita que lo que nos une sea mucho más que lo que nos separa, escuche las voces diferentes y diversas, no permita que la polarización le impida lograr el cambio que se propuso alcanzar.
