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El título es un reflejo de lo que pensaba el pueblo en ese momento: la Reina y el Rey tenían el mismo peso en sus decisiones.
El descubrimiento de América y la claudicación del Rey moro de Granada, marcaron el punto de partida de una España más unida. Me refiero al reinado de Fernando II de Aragón (1452-1516) y su matrimonio con Isabel de Castilla (1451-1504). Sin embargo, los musulmanes ya habían sido expulsados en buena parte del territorio ibérico por Fernando III (1199-1252), Rey de Castilla y de León. En contraprestación la iglesia lo volvió santo y se le conoce como San Fernando. Como dato curioso este Rey nació en la localidad de Peleas de Arriba, vaya nombrecito para un pueblo.
Pero sigamos. La consecuencia del desalojo musulmán fue un fortalecimiento de la cristiandad y, de carambola, el arte se vio inundado de imágenes religiosas que era lo que se vendía.
Por el lado de los perdedores, la humillación del gobernante moro al claudicar su último bastión en la península ante el ejército castellano, se puede resumir con la siguiente frase lapidaria que la sultana Aixa, madre del Rey, le dijo cuando lo vio lamentándose por la pérdida de Granada que enterró para siempre la hegemonía árabe en la península: “Lloras como mujer lo que no pudiste defender como hombre”.
El bienestar económico comienza a abarcar todas las esferas de la sociedad y el arte no es ajeno a este nuevo mundo. Es el descubrimiento el que sienta, en parte, las bases para la riqueza futura del Imperio. Viene a partir de finales del siglo XVI el Siglo de Oro de España que se extiende hasta 1660, aproximadamente, donde surgieron pesos pesados de la pintura como Velázquez, Murillo, El Greco, Zurbarán, Ribera y otros grandes.
La representación en Ámsterdam del Hermitage de San Petersburgo, un museo espectacular, organizó una muestra de verdaderos tesoros de la pintura española desde el Siglo de Oro hasta la actualidad, adquiridos en diferentes épocas por varios monarcas: la inició Catalina II, la Grande (1729-96), el zar Alejandro I la amplió al comprar 84 óleos y su sucesor, el zar Nicolás I también contribuyó a incrementar la colección. Además una multitud de merchantes de arte, banqueros y nobles rusos vendieron a la corona obras de arte. Hoy se pueden dar el lujo de hacer este tipo de exhibiciones que todo museo en Europa envidiaría.
Pero vayamos a algunos detalles. En el You Tube escogí a pintores como Zurbarán, quien trabajo principalmente en Sevilla, en el ambiente religioso. Monjes de diferentes monasterios solicitaron sus pinturas. A mí personalmente me gustó una obra suya de tema profano que retrata a dos mujeres mirando por la ventana. No voy a explicar por qué. Simplemente me gustó, como algunas otras. Zurbarán se casó tres veces, dos con mayorcitas -diez años más que él- y la última, para compensar, 25 años menor. Contemporáneo de Diego Velázquez, ambos fueron a la escuela de pintura del maestro Pacheco, el suegro de Velázquez. A éste último lo he mencionado en varias ocasiones. Por lo que he leído de su vida siempre me ha parecido una personalidad especial. De Sevilla Velázquez se trasladó a Madrid durante el reinado de Felipe IV y a los 24 años fue nombrado pintor de la Corte, lo que levantó más de una ampolla. Fue el poderoso Conde-Duque de Olivares quien lo hizo nombrar y se convirtió en su protector. Olivares era un tipo muy ambicioso y metió al imperio en varias acciones bélicas ruinosas. Y como todo poderoso que abusa, fue cayendo en desgracia y removido de su puesto muy cercano al Rey. Un retrato suyo por su protegido lo muestra como un personaje poco agraciado pero refleja una personalidad fuerte.
El Greco ha tenido esa firma de las caras y figuras largas. Nació en Creta, Grecia, con el nombre de Doménikos Theotokópoulos, que finalmente cambió por El Greco. La construcción del Escorial ordenada por Felipe II atrajo a muchos artistas que ofrecieron sus habilidades para este inmenso proyecto. Doménikos después de salir de Grecia y trabajar en Venecia e Italia, a los 36 años decidió jugársela y viajó a Madrid. Recibió dos comisiones del mismísimo Rey, pero no tuvieron suerte y esto fue el aviso para darle un vuelco a su trabajo. Emprendió camino a Toledo donde encontró el mercado y ambiente de trabajo que necesitaba. Allí permaneció hasta su muerte.
En la exhibición Maestros Españoles del Hermitage, que estará abierta hasta el 29 de mayo en el Hermitage Ámsterdam, se pueden ver muchos óleos de otros grandes del Siglo de Oro como Murillo, Ribera, Coello, Juan Pantoja de la Cruz, Francisco Ribalta, Juan Bautista Martínez del Mazo y Antonio de Puga, pero también algunos de los mejores pintores del siglo XIX y XX como Genaro Pérez de Villaamil, Goya y Picasso.
La fascinación de ver a todos estos universos, donde cada artista vive su realidad, sus tropiezos y su entorno, marcan el destino de su trabajo. Estos luchadores, aunque hayan nacido hace 300 años o más, no se diferencian en sus angustias y deseos de éxito del hombre contemporáneo.
Que tenga un domingo amable.
