La duquesa de Medina Sidonia, llamada “la roja”, prácticamente en artículo mortis se casó con su secretaria Encarna Sánchez y le dejó lo mejor de la herencia, para rabia de sus hijos.
“Una herencia sin problemas, no es herencia, sino milagro. Porque en realidad no están peleando sólo por el dinero. En esa lucha es donde se libran las batallas del poder, del pedigrí familiar, de la saga, según el lugar que cada uno ocupó en la familia históricamente, lugar que quiere seguir manteniendo para trasmitírselo a los hijos. Como líder del clan familiar.”
Leer frases como: “Estoy aquí para salvar el patrimonio y a ustedes.” Es obvio que uno no sabe si dar las gracias o manejar el culebrón.
El libro me cayó de la nube. Su título “Hasta que la herencia nos separe” de Jesús Salgado. Este libro electrónico me empujó, literalmente, a divagar sobre las garroteras familiares.
“Papi estas despedido”. El caso de Don David Álvarez, con ochenta años o un poco más, en perfecto estado de salud. Construyó un imperio que entre otros bienes tiene las bodegas Vega Sicilia, una de las mejores marcas de vinos españoles. Este señor, que como dirían “tiene bien puestos los cojones”, tuvo 7 vástagos con su primera mujer. Está casado en tercera nupcias, sus esposas anteriores murieron y la tercera es parte de ese concepto de que la vida sólo se acaba cuando ya no puedes amar. En este caso don David tiene mucho que hacer. Un trabajador incombustible, se le ocurrió sacar a Bolsa sus empresas. Cinco de sus hijos decidieron que no les era conveniente la idea, pues perderían control de la herencia y optaron por darle un golpe de estado. Nuestro hombre se repuso del atropello y hoy en día, con dos hijos fieles, logró retomar las riendas del grupo.
“Consejo financiero por lo alto.” El padrecito confesor, José Luis Montes Toyos, convenció a las hermanas Blanca y Carmen de Togores Brugeras, hijas de un marques, que su hermano, el del padrecito, un abogado, era el indicado para manejar toda esa montaña de dinero. Lo que llamaríamos una asesoría extraterritorial, o sea del más allá. El abogado, según relata el libro, hizo lo que hubieran hecho muchos: tumbar sin misericordia a las hermanas. Ya fueran por bobas o por apoyarse en confesores que no tocan. Las susodichas hermanas, como mencionaría cualquier novela triste y mala, heredaron un montón de edificios, que equivalen a un montón de millones de euros.
“Garroteras por unas pinturas.” El caso del barón Thyssen que se casó por quinta y última vez, “gracias papá “ le pudieron decir sus hijos, pues nuestro barón, dentro de sus varias esposas, cuenta el libro, tuvo a la modelo anglo-india Nina Sheila, que acostumbraba viajar con dos panteras, supuestamente muy bien amaestradas, pero que cuando llegaban a los hoteles cogían las alfombras a mordiscos. No hay derecho. Cita el escritor que Carmen Cervera, su última esposa, casada anteriormente con el antiguo Tarzán Lex Baker, es hoy la propietaria de una preciosa colección que se expone en el museo Thyssen-Bornemisza en Madrid,
Su hijo, adoptado por el barón, a quien en confianza le dicen Borja, se ha pegado una garrotera con la mamá por unos cuadros que según él le pertenecen. El resultado es que Carmen, la mamá, hasta hace muy poco conoció a sus nietos, el mayor tiene tiene 6 años. Bueno una abuela tardía.
“Peleas a mordiscos entre egos.” Aunque el tema de las herencias, separaciones y visión del futuro familiar se puede tomar en forma liviana, el fondo es muy serio. Somos de las pocas especies que habitan este planeta que tratamos la comunicación familiar de una manera antinatural, especialmente cuando falta la cabeza. En lugar de preservar la especie, la gente se agarra a dentelladas por todo aquello que no preserva, que no maneja el futuro. Conozco todo tipo de casos. Unos hermanos, 11 bien avenidos, con plata, pero se agarraron a ladrillazo limpio porque la matriarca de la familia dejó en una cajita unas joyitas para las hijas mujeres. Como no sabían qué había en la cajita, ni las hermanas quisieron mostrarlo, bastó para que no se volvieran a saludar en 20 años. El caso de algún ego herido que decidió, aunque para repartir no había trillones, tomar en sus manos la bandera familiar. Algo así como erigirse por cuenta y riesgo la Juana de Arco familiar, o como un padre en segundas nupcias, ahuyenta la cría de su primer matrimonio, pues su nueva pareja ve amenazada la herencia.
Sin duda alguna las relaciones familiares determinan el futuro de un clan, por lo que hay que cultivarlas para blindarlas contra garroteras de herencias.
Enrique Aparicio Smith, Octubre, 2014