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PARAPOLÍTICA SIN MARIO URIBE NO es parapolítica. Esa sencilla frase resume en buena medida el debate que desató la renuncia del fiscal Ramiro Marín, grandilocuentemente calificado como el cerebro de la investigación que tiene en la cárcel a un montón de políticos por sus presuntos vínculos con los ‘paras’.
La salida de Marín no es más que un berrinche. La manera como hizo pública su determinación, con portada de revista y las entrevistas que dio a comienzos de semana, demuestra que este hombre tenía su ego herido luego de la decisión del vicefiscal Mendoza hombre serio y sensato de ordenar la libertad inmediata de Uribe.
Y es que esa detención estaba pegada con babas. Basta con revisar el estado del proceso para descubrir que las pruebas con base en las cuales Marín ordenó encarcelar al primo del Presidente sufren de atonía severa.
Comencemos con el célebre alias Pitirri. Su testimonio de 2006 se ha caído como un castillo de naipes. Dijo que en 1998 el ex congresista se reunió con unos paramilitares en Caucasia. Siete de las personas que según Pitirri concurrieron, han negado su asistencia y algunos han ido más allá al decir que nunca han visto a Mario Uribe Escobar.
Al testimonio de Pitirri se sumó una declaración de Mancuso, quien primero indicó que se había encontrado dos veces con Uribe. Al poco tiempo rectificó y aseguró que fue sólo en una ocasión. Al comienzo declaró que entre el entonces senador y las autodefensas había un acuerdo político, pero el 22 de abril de este año, en la última entrevista que concedió antes ser extraditado, negó la existencia de dicho pacto.
Pero Marín quería más y más, razón por la que cayó en el juego de creerles a las seudoinvestigaciones sobre los resultados electorales “atípicos” que ha promovido Claudia Nayibe López. Ahí, es importante revisar con detenimiento el número de sufragios que ha obtenido el político antioqueño, sobre todo en las dos últimas elecciones.
En 2002, la votación de Mario Uribe creció, en el ámbito nacional, un 170%, incremento que tiene tres explicaciones: ser primo de Álvaro Uribe, el hombre más popular del país por esos días; la exitosa campaña que ideó Germán Medina, uno de los mejores estrategas de publicidad política de Colombia y, por último, su paso por la presidencia del Senado, posición que le permitió una amplia figuración mediática.
Llamó la atención del fiscal Marín que los votos de Uribe hubieran aumentado en un 179% en Córdoba, 9 puntos porcentuales por encima del promedio. Partiendo del principio de la mala fe, se inclinó por la tesis de que ese resultado era fruto de una alianza con los paramilitares. Si así fuera, los investigadores tendrán que contarle al país con quién se alió ese congresista en Bogotá, pues allí sus votos crecieron en un 4.000%, en Medellín, con un aumento del 411% y en Cali, donde el número de votantes subió en un 500%.
Marín, quien es un hombre obstinado y quien tomó esa investigación como algo personal —reacción muy parecida a la del generoso anfitrión Iván Velásquez— se justifica en su teoría del matrimonio Mario Uribe-paramilitares y compara los resultados de 2002 con los de 2006, cuando su votación cayó. Insinúa el obsecuente ex fiscal que dicha reducción, sobre todo en Córdoba, se explica porque aquel año las autodefensas ya no existían, luego no había posibilidad de llevar a los electores encañonados a las urnas. Puro razonamiento fogoso de quien no quiere o no puede entender que entre 2002 y 2006 cambió el régimen electoral colombiano, pasando de un sistema de partidos unipersonales a uno de listas únicas. En la última campaña, Colombia Democrática avaló a Miguel de la Espriella, quien era el candidato en Córdoba, hecho que le impidió a Mario Uribe irse a buscar votos en ese departamento.
Conclusión: si la pasión sigue imponiéndose sobre la razón, acá habrá Pitirri para todo y para todos.
