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Por docenas es peor

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Ernesto Yamhure
25 de junio de 2009 - 03:13 a. m.
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LAMENTABLES LAS MANIOBRAS DE la docena de senadores conservadores que, asustados con el posicionamiento que ha logrado la campaña de Andrés Felipe Arias, se han dado a la tarea de torpedear desde todos los frentes la consulta acordada para septiembre de este año.

Resulta que ninguna persona al interior del Partido Conservador se imaginó que Arias fuera a ocupar el primer lugar en la intención de voto. Es más, los dirigentes de la colectividad, en un principio motivaron la precandidatura del ex ministro de Agricultura creyendo que así Carlos Holguín Sardi, su jefe, tendría un contendor fácil de derrotar.

Pero se les creció el enano. Desde la protocolización de su aspiración, Arias ha conquistado los corazones de los conservadores que ven en la suya una propuesta renovadora, doctrinaria y, sobre todo, ajena a los nefandos vicios de la política tradicional con los que indefectiblemente se identifica a la candidatura de Holguín.

El desespero del dirigente vallecaucano es un secreto a voces. Lleva casi un año dándole la vuelta al país con un frustrante resultado: su precandidatura no cuajó. En este caso, las percepciones han pesado más que las realidades y a Holguín se le registra como un aspirante cansado, poco dinámico y hasta dormilón. Son conclusiones que aunque resulten injustas y alejadas de la realidad muy difícilmente pueden ser revertidas.

Si la consulta fuera hoy, Holguín sería derrotado por Arias, José Galat y Fernando Araújo. Hay quienes dicen que este ex ministro, ex congresista, ex gobernador, ex alcalde, ex concejal y ex presidente del Directorio Nacional Conservador, no puede culminar su carrera política con semejante pela a cuestas. De ahí que haya mandaderos interesados en atravesársele al mecanismo de selección de candidato.

La cuestión es sencillísima: frente a la inminente derrota, a Holguín no le queda fácil retirarse. No podrá alegar falta de garantías alguien que se mueve con desenvoltura en las movedizas arenas de la política menor. Así que la misión que tienen los doce senadores consiste en torpedear la precampaña. Así de sencillo. Sin consulta no hay ni ganador ni derrotados.

Superado este obstáculo, han dicho que es importante que el conservatismo presente a un candidato, pero no elegido popularmente sino designado a dedo en una convención cerrada donde sólo tengan asiento las viejas y oxidadas maquinarias electoreras que ellos representan. Será en ese oscuro evento cuando se unja a Noemí como candidata conservadora.

Tal vez ella sea la persona indicada. Si es así, entonces no se entiende por qué la ilustrísima diplomática no ha regresado al país para arrancar su campaña y ganar la consulta. Para su imagen, es preferible ganar una candidatura a voto limpio y no a través de revejidas mañas propias de los gamonales que tanto daño le han hecho a nuestra democracia.

Dudo mucho que los conservadores, que carecen de todo menos de buena memoria, olviden fácilmente los desplantes que la candidata en ciernes le ha hecho a la colectividad. No es del caso hacer el inventario; simplemente recordemos que sus dos campañas presidenciales —1998 y 2002— fueron tramitadas a través de movimientos independientes.

Paradójicamente, Noemí Sanín se ha creído las lisonjas y los coqueteos de los soldaditos azules, sin darse cuenta que a ellos les importa un rábano su suerte política. Esos señores están buscando la manera de salvar a Holguín de la muenda que le van a propinar en la consulta. Al fin y al cabo él es el jefe y quién sabe cuántas docenas de favores le están debiendo.

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