6. En la Venezuela de Maduro, ¿fuerza o derecho? ¿Tiranía o libertad? ¿Superstición o ciencia?.
5. ¿Los paros agrarios que se avecinan son electoreros o simples expresiones de dignidad?
4. ¿Con las pocas lluvias habrá apagón antes o después de elecciones? ¿Qué dice el compañero Amylkar?
3. Si un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla, ¿por qué, entonces, tantos votos por Uribe en las elecciones al Senado? ¿Amnesia o masoquismo?
2. ¿Santos le hará caso a los consejos del nobel Joseph Stiglitz o seguirá de hinojos ante el Consenso de Washington?
1. Ya sé que la justicia penal militar archivó el caso de las coordenadas. Pero, en serio, ¿quiénes son los infiltrados uribistas en las Fuerzas? ¿Qué pretenden? ¿Un golpe de Estado o joderle la vida a los civiles que no usamos ni tenemos ni portamos armas?
0. ¿Quién le teme a Virginia Woolf?
Rabito de paja. Como la mayoría, estoy en una encrucijada electoral. Santos, dizque apóstol de la paz, es un presidente ambiguo. Votar por su reelección sería funesto. Oscariván (sic), Marta Lucía y Peñalosa, otros tres huevitos del capataz Uribe, también son espantosos: neoliberales, reaccionarios, pseudodemócratas, arrodillados. Yo iba a votar por Clara López, del Polo, pero su fórmula vicepresidencial me puso a dudar. Más allá del exterminio, la Unión Patriótica surgió (y esto no lo puede negar ni la misma Aída Avella) de la consigna de “combinando todas las formas de lucha, !venceremos!”, que hizo tristemente célebre al Partido Comunista de Gilberto Vieira. Me queda un poquito complicado venir a votar ahora, aunque sea de modo indirecto, por la fachada de ese “partido liberal chiquito”. No me sale del corazón. Mucho menos de la razón. Tocará votar en blanco, primera y/o segunda vuelta. Las vainas de la política en Colombia: de la lambonería a la traición, de la unidad al oportunismo, de la ambigüedad a la mermelada.
Rabillo. “Entonces entraron al cuarto de José Arcadio Buendía, lo sacudieron con todas sus fuerzas, le gritaron al oído, le pusieron un espejo frente a las fosas nasales, pero no pudieron despertarlo. Poco después, cuando el carpintero le tomaba las medidas para el ataúd, vieron a través de la ventana que estaba cayendo una llovizna de minúsculas flores amarillas. Cayeron toda la noche sobre el pueblo en una tormenta silenciosa, y cubrieron los techos y atascaron las puertas, y sofocaron a los animales que durmieron a la intemperie. Tantas flores cayeron del cielo, que las calles amanecieron tapizadas de una colcha compacta, y tuvieron que despejarlas con palas y rastrillos para que pudiera pasar el entierro”. Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, 1967.
Rabico. “Otra vez voy pasando por ahí / otra vez con mi cara tan feliz / si a tu amor yo llegué porque llegué / de tu amor yo salí porque salí”. ¡Ay, Cheo! ¡Cheo Feliciano!