EL FÚTBOL ES UNA PASIÓN INFANtil. Y dura hasta el último suspiro.
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Fui al Atanasio por primera vez con mi hermano Simón Ambrosio, siete añitos mayor. La tribuna, “Sol” o “Corea”, hoy “Oriental”, temblaba como un flan. Chupamos intemperie, entre malevos que fumaban porros de marihuana tan gruesos como tabacos, tan letales como penaltis. Vimos peleas a puñaleta. Sentimos el miedo y el goce pagano de los goles y la asfixia de la derrota. Y nos volvi
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