"Quiero mochilear por ahí como una descamisada", dice mi amiga Isabel Barragán mientras tomamos limonada michelada en la universidad en la que enseña (y aprende) literatura aplicada. Llueve y hace frío pero no le importa, a juzgar por la vestimenta: blusa de lino, cuello en V, lo más impúdico de este mundo que está lleno de impúdicas razones. "El Valle del Cocora, los Montes de María, la Depresión Momposina, el Santuario de las Lajas...".
Habla con vehemencia, y el fuelle de su respiración le sube y le baja los pechos con exquisita provocación. “Perderme en las orillas del Río de la Plata”, dice. “Abismarme en los ventisqueros del Atacama y navegar en un bote de totora por el Titicaca y, ‘Mamá, yo quiero saber, de dónde son los cantantes. ¿Serán de La Habana?, ¿serán de Santiago, tierra soberana?. Mamá, son de la loma, mamá, cantan en llano...”. La gente nos mira. A ella con codicia y a mí con envidia, la neta. “Madrugar en los llanos de Venezuela, color de araguaney; y recorrer Perú, Nicaragua, Paraguay, Guatemala, Pernambuco, Ciénaga de Oro; Ir y venir por las Américas sin visa ni aduaneros. Quiero ser apátrida”.
Entonces caigo en cuenta de que Isabel está poseída (sic) por la poesía. “Culpa de Roca, ¿cierto?”, le digo. Sonríe, abre el morral y saca Pasaporte del apátrida, poemario de Juan Manuel Roca, en la pulcra edición de La Cruz del Sur, de Editorial Pre-Textos, Madrid, noviembre de 2011. Nos ponemos a leer, hombro con hombro: una sutil travesía por la patria de los sin patria. Son 48 poemas y 12 parábolas apócrifas. “Me fascina la Parábola del Rey Salomón en Cartagena de Indias”, digo. “Sobre todo los versos que el Cantor de los Cantores dice al ver el paso de canoa de Nazaria, muchacha de Chambacú”. Isabel cae en la trampa: “¿Cuáles?” “Tus pezones son negras aceitunas / Botones de rosa a punto de aflorar”, susurro. No se disgusta. “Yo me quedo con la Parábola del fratricida: ‘Se fugó de la Biblia, / Se ha hecho ciudadano de un país / Donde matar hermanos es asunto corriente. / Se llama Caín / Y brilla en las noches azules de la corte’. ¡Qué contundencia!”
Leemos más. “Los poemas de Roca son trascendentes, vigorosos”, dice Isabel, con un guiño. “Tienen ironía, mero encantamiento”. Pido otra limonada y dejo que la poesía nos embruje. El día de gozar, se goza: “Siempre / Entre el tigre y mi precaria humanidad / Hubo una jaula”.
Rabito de paja: Mañana a las 11 a.m., en el Auditorio José Eustasio Rivera de Corferias, Roca presentará Galería de espejos, una mirada a la poesía colombiana del siglo XX. Con Piedad Bonnett y Ricardo Silva.
Rabillo: Eh, no haber sabido antes: “En virtud de la solidaridad americana, ningún poder extraño podrá, sin provocar la resistencia colectiva en todos los países americanos, tratar de cercenar o eliminar la independencia o soberanía de ninguno de ellos”. Eduardo Santos, septiembre de 1939.
Rabico: ¿Colocar o poner? ¿Hay, ahí o ay? ¿Inmarcesible y sublime? Uno de mis favoritos en blog gramaticales: Proyecto Lengua Española (Prole): http://gramaticavillegas.blogspot.com/ De Constantino Villegas y Estefanía Uribe Wolff.