Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta política.

Del sótano del Vaticano al cartel de Sinaloa

Esteban Carlos Mejía

07 de febrero de 2014 - 10:48 p. m.

Élmer Mendoza y Evelio Rosero no se parecen en casi nada. Élmer es de Culiacán, Sinaloa, México. Evelio nació en Bogotá y, cuando niño, vivió cerca a Pasto, Nariño. Élmer escribe “novelas negras”, o sea, novelas policíacas, y Evelio trabaja novelas históricas.

PUBLICIDAD

Ambos ganaron el Premio Tusquets. Evelio en 2006 con Los ejércitos, su ya célebre lamento sobre las violencias en Colombia, y Élmer en 2007 con Balas de plata, bautismo de fuego para su criatura más genuina, Édgar El Zurdo Mendieta, detective de la PME, Policía Ministerial del Estado. Dos tipos distintos con obras diversas y estilos diferentes. Tuve el honor de moderar una charla con ellos en el reciente Hay Festival de Cartagena de Indias.

Hace poco Evelio publicó Plegaria por un papa envenenado. Es una breve y feliz invención literaria de la vida, pasión y muerte de Albino Luciani, conocido entre los católicos como Juan Pablo I, el papa de los 33 días, asesinado por las mafias siciliana y vaticana. La novela es una armónica mezcla de voces terrestres y sobrenaturales. Acá, una multitud de prostitutas acosa al protagonista, el tímido Luciani, y también al mismísimo autor, el no menos tímido Evelio. Desde el más allá, antiguos escritores se quejan de lo aciago de este mundo. La sensibilidad y la maestría de Rosero atrapan al lector, incluso al ateo irredento, y lo conducen por los vericuetos del alma de Luciani y por los laberintos del Vaticano con sus sagradas reliquias: 60 plumas del arcángel Gabriel, 9 coronas de espinas, 1.249 trozos de la Santa Cruz, 12 de las 30 monedas de Judas Iscariote, las 26 tumbas de los 12 apóstoles, “el invisible suspiro de San José, que se conserva encerrado en una urna”, 6 cordones umbilicales del Niño Jesús e, incluso, algunas gotas de leche de los senos de la Virgen María.

A Élmer le importa un comino que la novela negra sea mal vista por intelectualoides y otros advenedizos. No en vano ha sido el primer narrador en recoger “con acierto el efecto de la cultura del narcotráfico” en México. Escribe en Latebra Joyce, un espacio imaginario, mitad realidad, mitad ficción, al estilo de Redonda, el reino de Su Majestad Xavier I, según sus súbditos, o Javier Marías, para sus lectores. Latebra quiere decir “escondrijo, refugio, cueva, madriguera”, y Joyce es James Joyce, creador de Ulises, ese mamotreto que el casi ciego escribió “para tener ocupados a los críticos durante 300 años”, y ya van casi 92. Las novelas del Zurdo Mendieta —Balas de plata, La prueba del ácido y Nombre de perro— a veces son enfáticas, a veces ambiguas, pura punta del iceberg, afincadas en una excelente sublimación del lenguaje coloquial de Sinaloa. Uno las lee y, sin querer queriendo, se le quita el miedo a escribir novelas policíacas sobre Medellín, aunque me miren feo los maniáticos de la moralina y los maniqueos de trece por docena que abundan en el país paisa. Sí, ya sé: la ficción es la madre de todos los vicios.

Read more!

Rabito: ¿el inspector del Ejército (sí) será capaz con el avispero de las chuzadas? En el pasado, otro inspector general investigó y reveló los falsos positivos. ¿Sabremos, por fin, quiénes son los infiltrados uribistas en las Fuerzas Militares? ¿O seguirán impunes los traidores, digo, los tramposos?

Read more!
Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.