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VOY CON MI AMIGA ISABEL BArragán, profesora de literatura aplicada, al lanzamiento de Durante todos estos años, antología del poeta y cineasta Víctor Gaviria en la colección Palabras Rodantes, de Comfama y el Metro de Medellín.
La noche es fría y llueve, pero Isabel tiene un vestido veraniego, espalda y hombros desnudos. Como siempre, atrae las peores miradas, o sea, las mejores. Por fortuna, su marido no vino. Me arrastra al bufé. Pide doble porción de champiñones al ajillo y capuchino sin azúcar, inoficiosa precaución: a sus 33 añitos tiene metabolismo talla 10 y está como quiere estar. Lee mucho, escribe poco y analiza al prójimo con la placidez de una iguana.
“Para mí, Víctor es mejor poeta que cineasta” —sostiene, arbitraria—. “Recrea sin misterio los misterios de la vida, como si tuviera un pacto secreto con la cara oculta de las cosas”. Al fondo, con voz saboreada y potente, Gaviria lee una de sus creaciones más inquietantes, Reflexiones de velorio: “Corrientes de viento, / corrientes de río y agua / corrientes de cielo, corrientes de pensamiento, / corrientes de hojas pequeñas / que unís lo de afuera y lo de adentro, /por favor, unid esta vida con la otra vida, / para que lo que quedó comenzado y a medio hacer se continúe, / como un ladrón que traspasa la ventana, / como la hilera de hormigas / que llega hasta el árbol”.
Estos versos, en tirajes cercanos a los 7.000 ejemplares, rodarán ahora por 6 estaciones del Metro a la buena voluntad de los pasajeros, junto con poemarios de León de Greiff, Piedad Bonnett y Porfirio Barba Jacob, cuentos de Tomás Carrasquilla, novelas de Fernando González y Mario Escobar Velásquez, y ensayos de Estanislao Zuleta y Marco Fidel Suárez, un presidente que, cosa rara, sabía escribir. En la solapa del libro veo la mirada bonachona del poeta y su bigote de agrarista mexicano. Los contertulios le hacen preguntas. Mi amiga no se queda atrás: “Escribir poesía es más barato que hacer cine. De las dos cosas, ¿cuál te cuesta menos?”. La gente estalla en carcajadas y Gaviria responde con una sonrisa: “El cine es como un poema en movimiento”.
Isabel me hace leer, entonces, el prólogo de William Ospina a Durante todos estos años. “Es algo farragoso” —se queja, con acidez—, “como otras cosas de este ex creativo publicitario, aunque acierta al citar a Chesterton y decir que hay poetas tan grandes que son capaces de encontrar poesía incluso en su propia familia”. Quiero protestar, ponderar al menos la erudición de Ospina, pero ella, no sin picardía, me ataja con una sentencia lapidaria, entresacada de los versos de Víctor Gaviria, obvio: “El agua sucia / también suena a agua”. Y se carcajea, la muy ladina.
Rabito de paja
De un noticiero de televisión: “Guillermo León y Fabio son hermanos entre sí” y “los delincuentes usaron un taxi de servicio público”. ¡No me crean tan pendejo!
