Algunos filósofos universitarios le tienen ojeriza a Fernando Savater, tal vez porque escribe con gracia, sin enredos ni complicaciones, al pan, pan y al vino, vino.
Hace ya más de 20 años, en Ética para Amador (1991) y Política para Amador (1992) planteó un tema que ha vuelto a coger relevancia por culpa de la masacre de Charlie Hebdo. ¿Debemos respetar las ideas ajenas? ¿O podemos criticarlas, satirizarlas, volverlas añicos? ¿Y las personas? ¿Respetar sus creencias, pero matarlas, secuestrarlas, torturarlas, exiliarlas, empobrecerlas, pisarlas como cucarachas o sanguijuelas o sabandijas o qué sé yo?
La respuesta de Savater es inequívoca: “respetar a las personas no a las ideas”. Al revés de lo que se hace a diario. ¿Cuántas veces no nos han dicho en una discusión: ‘yo respeto sus ideas, pero no las comparto’, y en seguida nos han soltado un zurriagazo, un gargajo de odio? Típico en Colombia. ¿Los que mandaron matar a Luis Carlos Galán o los que exterminaron a la Unión Patriótica acaso no dizque respetaban su ideario? Los que ejecutaron a decenas de “falsos positivos” probablemente respetaban los humildes pensamientos de sus víctimas.
Si alguien grita que Santos es castro-chavista y que va a entregar el país a las Farc, ¿tengo que respetar tal sandez? Son opiniones, es cierto. Pero cada opinión refleja una idea. ¿Castro-chavista? ¿En serio tengo que respetar semejante imbecilidad? O si alguien susurra que el fin de las Farc justifica sus medios, ¿debo respetar esa idiotez? ¿No puedo refutarla o ridiculizarla, sin necesidad de bombardear a quien la sostiene?
Por mi parte reclamo el derecho a irrespetar las ideas ajenas y cumplo el deber de respetar a las personas. Me burlo de tus ideas, pero no te rompo la cara, marica, ni te doy puñetazos ni te acribillo a balazos porque tu Alá o tu Uribe no son los míos. Irrespetar ideas, respetar personas: he ahí la línea divisoria entre los fanáticos y los librepensadores, esos seres que tanta falta le hacen a este planeta sin dios y sin ley. O, al contrario, repleto de dioses y de leyes.
Rabito de paja: “¿Sabes cuál es la única obligación que tenemos en esta vida? Pues no ser imbéciles. La palabra ‘imbécil’ es más sustanciosa de lo que parece. Viene del latín baculus que significa ‘bastón’: el imbécil es el que necesita bastón para caminar”. Fernando Savater, Ética para Amador, 1991.
Rabillo: “Ahora estamos viendo personas que se han llamado y se siguen llamando liberales, para acaparar votos que los lleven a las curules del Congreso, y que no son liberales sino comunistas, que enantes y ahora se levantarían indignados contra cualquier intromisión del Vaticano llamándolo poder extranjero y, no obstante eso, sumisos e incondicionales reciben órdenes de Moscú, y subvenciones también. Y tales órdenes moscovitas, tales encíclicas del pontífice rojo, esas decretales las más exóticas y tiránicas que el mundo haya conocido, anulan nuestra legislación, cambian nuestros códigos, arrebatan nuestros derechos, disponen discrecionalmente de nuestros bienes y se introducen en nuestras familias”. Laureano García Ortiz, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia, noviembre de 1936.