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Nos dan sándwiches de roast beef de pollo. Así como suena, rosbif de chicken. Y ensalada, o sea, tomate y lechuga con un aderezo indescifrable.
Mi amiga Isabel Barragán se ve plácida y voluptuosa, si acaso ambos términos no se contradicen. La ropa apenas (en)cubre la deliciosa carnalidad de sus carnes. La puyo, a ver qué pasa. Le hablo de Dania, la rompecatres del Servicio Secreto (SS). Ni se inmuta. Le menciono al senador Eduardo Carlos Merlano. “Otro que tiene el nombre al revés”, dice, no sin displicencia. “¿Y Sigifredo?”, pregunto. Hace un puchero, también indolente. “Ahí lo que de veras hay que averiguar es si el fiscal Montealegre es inocente o culpable”. Contemplo sus labios repolludos, sus ojos verde botella, sus pechos olímpicos, Dios mío, el deseo sí tiene estética.
Saca un libro. Parece una novela, por el porte. Pero no. Se trata de Apuntes para una historia de la publicidad en Antioquia (1920-1970), de Federico García Barrientos, Editorial Universidad Pontificia Bolivariana, Medellín, 2012. “¡Qué desparche!”, le digo. Me mira como una bacterióloga. “Es un libro original, insular, insólito”, replica con énfasis. “Una retrospectiva sobre el sentido de la publicidad en la vida de una comunidad determinada”. “Ah, ¿otra colección de afiches y avisos?”, me burlo. Se enfurruña. “Por favor... es la historia de la sociedad antioqueña vista a través de la publicidad”. Isabel hojea el libro y me habla de la exigente mirada hermenéutica y fenomenológica con que está escrito. Me lee, por ejemplo, el análisis de unos anuncios de Coltejer (“La tela nacional insuperable”) a mediados de los años 30. Y el “arranque instantáneo” de la gasolina Esso, de la Tropical Oil Company, en 1949. No pasa por alto los avisos del Banco Comercial Antioqueño, Fabricato y Droguerías Aliadas en 1957, para celebrar la caída del general Rojas. “Es una obra irónica, rigurosa, singular”. “¿Pero tú por qué la estás leyendo?”, me intrigo. “Porque cada pueblo tiene la publicidad que se merece. Y estos Apuntes sirven para entender la mentalidad paisa, tan controvertida hoy”.
García Barrientos es doctor en filosofía y magíster en economía. “Yo lo conozco”, dice Isabel. “Rara avis”, añade. “Se doctoró con una tesis sobre la fenomenología del filósofo alemán Peter Sloterdijk, aplicada a las atmósferas urbanas y espaciales de Medellín”. Abro los ojos. “Además”, dice, no sin malicia, “entre las paredes de su apartamento, que él llama ‘egoesfera’, se arriesga con textos aún más paradójicos”. “¿Poemas o qué?”, me asombro. “No, reflexiones”. “¿Es filósofo y escribe sobre publicidad? Ver para creer”. Sonríe con ganas. “Sí, creer para ver”, y le pega un mordisquito al rosbif de pollo. Lo mejor es enemigo de lo bueno.
Rabito de paja: Unos versos para Dania Londoño Suárez : “Cuántas almas infames y manchadas / en no tocados cuerpos cristalinos, / cuántas almas de virgen perfumadas / en cuerpos comerciados y mezquinos”. Magdalena, José Martí.
Rabillo: ¿Qué van a decir los niños al ver Escobar, el patrón del mal? “Huy, parce, cuando sea grande yo quiero ser como ese man”.
